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De la fibromialgia a la autosanación | "Tú cuerpo te está gritando... tienes que cambiar"

por Patricia Abarca
(Matrona. Doctora en Bellas Artes y Máster en terapias
expresivas)


Es difícil definir qué es la fibromialgia ya que aún no se ha logrado un acuerdo en cuanto a las causas desencadenantes y tampoco en la precisión del diagnóstico, debido a la gran variedad de síntomas que presenta y porque que generalmente se da junto a otras alteraciones como fatiga, colon irritable, insomnio, dolor de cabeza, angustia, depresión, etcétera. Se sabe que es una enfermedad que presenta dolor generalizado en los músculos y en las articulaciones, que aparece de forma espontánea -sin causa aparente- y con una sensibilidad exagerada en determinados puntos del cuerpo, lo que tiende a mantenerse en el tiempo, llegando en algunos casos a ser invalidante. Hoy en día se realiza el diagnóstico cuando este dolor y la sensibilidad exagerada en ciertas zonas del cuerpo se mantienen por más de tres meses.

La fibromialgia se vincula al sexo femenino -ya que sólo el 8% de los casos afecta a los hombres- y muchas veces las mujeres que la padecen sufren el estigma de ser catalogadas como histéricas o neurasténicas por la falta de diagnóstico preciso o bien, por la ignorancia de las personas que forman parte de su entorno y el desconocimiento que hay respecto a la enfermedad. La medicina tradicional la considera incurable, tratando los síntomas mediante fármacos para el dolor, el insomnio y la ansiedad. Sin embargo, las sustancias químicas y los efectos secundarios de estos medicamentos no hacen más que empeorar el estado general de estas personas, que entran en un círculo vicioso, dependientes de fármacos y reafirmándose a sí mismas como enfermos crónicos e incurables.

Como sabemos, los síntomas de una enfermedad son la respuesta que da nuestro cuerpo a un desequilibrio interno; si corregimos el desequilibrio, automáticamente el síntoma desaparecerá, pero si tratamos el síntoma sin corregir la causa, dicho desequilibrio se hará crónico y el síntoma también, aunque lo tratemos con fármacos.

El dolor es una experiencia sensorial, emocional, subjetiva y desagradable que experimentamos los seres vivos que disponemos de un sistema nervioso central. La función que cumple el dolor es dar una señal de alarma al sistema nervioso indicándole que hay una alteración. Esta señal de alarma es originada en el cerebro, desencadenando una serie de mecanismos a nivel tanto fisiológico, neuronal y endocrino, como psicológico y emocional. Su objetivo es evitar o limitar los daños inherentes a dicha alteración, además de hacer frente al estrés que sufre el organismo. Por lo tanto el dolor no empieza en el lugar donde sentimos el dolor, sino en el cerebro y es esta señal que percibimos como dolor la que nos indica cuál es la zona afectada.

El dolor tiene un importante componente cognitivo que tiene que ver con todos los procesos mentales que acompañan y dan sentido a la percepción del mismo, entre ellos está la adaptación al malestar que nos provoca, el grado de atención que le prestamos, la anticipación al mismo, la capacidad de desviación enfocando la atención en otras actividades, la interpretación y el valor atribuido al dolor (en algunos casos el dolor emerge inconscientemente como recurso psicológico para evitar enfrentar algo que no queremos reconocer). Además de lo anterior entra en juego el lenguaje, necesario para describir de forma adecuada lo que realmente sentimos, también influye lo que hemos aprendido culturalmente sobre el dolor, así como nuestra memoria, ya que según las experiencias dolorosas anteriores decidiremos cómo comportarnos respecto al dolor actual. Por esta razón son muchos los factores psicológicos y físicos que pueden modificar la percepción sensorial del dolor, como son el sexo, la edad, la personalidad, el estado de ánimo, las expectativas personales, la capacidad de controlar los impulsos, la ansiedad, el miedo, la rabia, la frustración, el momento o situación de la vida en la que se produce el dolor, el tipo de relación con las personas del entorno, familiares, amigos y compañeros de trabajo, además del ambiente en el que vivimos ya que aquellos lugares con excesivo ruido o intensa iluminación tienden a exacerbar algunos tipos de dolor.

En la fibromialgia algunos estudios apuntan a que estas personas presentan de forma más acusada algunos rasgos con los que cualquiera de nosotros puede coincidir, en mayor o menor grado, como son una tendencia narcisista, melancolía, angustia, hipersensibilidad, inseguridad -y por lo tanto, necesidad de autoafirmación-, con una propensión a sentir culpa y, temor a ser rechazadas. Por esta razón, tienden a orientar su vida en función de las necesidades de quienes les rodean, distanciándose de sus emociones y de sus necesidades reales. Como expone la terapeuta Araceli Guisote, la principal diferencia entre las personas con fibromialgia y las que no la padecen reside en que las primeras poseen menos recursos psicoemocionales y menos destrezas interpersonales para afrontar los problemas y malestares inherentes al tipo de vida que nos exige nuestro sistema sociocultural, sufren más desgaste y quedan así expuestas a un mayor grado de dolor y sufrimiento.

María Ángeles Mestre, quien curo su fibromialgia después de padecerla durante años, plantea que la enfermedad deriva de una retención de la acción, de no hacer lo que sientes, de reprimir emociones, "no estás queriéndote: el cuerpo somatiza el conflicto y se queja", por eso principalmente se requiere un cambio de actitud, es necesario dejar de sentirse víctima y tomar las riendas de la vida realizando los cambios que sean necesarios, entre los cuales es fundamental llevar una alimentación sana y una terapia psicoemocional.

Mi experiencia como terapeuta me ha demostrado que el arteterapia ayuda a que estas personas afectadas se reencuentren con sus emociones, exploren las actitudes que están teniendo consigo mismas y hacia la enfermedad, reforzando la toma de contacto con su cuerpo, sus emociones y sus necesidades, y a partir de ahí surge la transformación necesaria. También el arteterapia les permite canalizar la angustia que causa la cronicidad del dolor, transfiriendo en sus creaciones plásticas la carga emocional, para así reflexionar y elaborar los conflictos inconscientes desde la expresión artística.

Si padeces fibromialgia, citando a Mª Ángeles Mestre, es porque "tu cuerpo te está gritando que hay aspectos de tu vida que tienes que cambiar", y sólo tú puedes dar ese paso. Recuerda que el arteterapia es una vía que te puede fortalecer y guiar hacia la autoacuración.


Más información:
www.procreartevida.wordpress.com