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La enfermedad un maestro | La espiritualidad puede ayudar a mejorar la calidad de vida de los pacientes, declara Emma Barthe

Existe una nueva conciencia de salud, afirma Emma Barthe, psicóloga volcada hacia el campo de la oncología. Con una amplia trayectoria, transmite una vez más sus experiencias en el libro "Cáncer: más allá de la enfermedad. Sentido y valores". Una invitación a trascender los conceptos opuestos de vida y muerte

-Cuando tenemos salud olvidamos que somos mortales, y cuando llega la enfermedad parece hacerlo para recordarnos que hay un límite.

-En el tema de la enfermedad, en este caso el cáncer, su diagnóstico puedo recordarnos nuestro carácter terminal, la realidad de la impermanencia. Debemos aceptar este hecho como algo inherente a la naturaleza humana. El mundo que interpretamos como real es finito. La enfermedad nos hace frágiles y nos descubre la inconsistencia de nuestro ser material. Es evidente que la enfermedad nos recuerda los límites de nuestra existencia pasajera, pero también puede impulsar en nosotros una nueva manera de ser, de vivir, de actuar, de sentir. Hoy sabemos que podemos influir en nuestra salud y despertar mecanismos internos de sanación. El punto de vista cartesiano que dejaba poco lugar para el autodominio ha quedado atrás. Hemos pasado de un modelo biomédico a un modelo biopsicosocial que, al mismo tiempo, abre las puertas a la espiritualidad. Existe una nueva conciencia de salud, más holística e integradora, que contempla al ser humano desde diferentes dimensiones: la física, la psíquica, la emocional, la social, la espiritual. Ante cualquier tipo de enfermedad deberíamos primero encontrar las posibles causas físicas, luego las posibles causas psicológicas y/o emocionales hasta llegar a las posibles causas existenciales, aquellas que te exigen “dar un salto”.

-Es decir, “si no eres tú, enfermas”…

-He llegado a la conclusión de que cuanto más se aparte una persona del potencial latente, más posibilidades habrá de manifestaciones patológicas. Desde este punto de vista la enfermedad puede convertirse en tu Maestro. Conducirte a la reflexión, al planteamiento de las cuestiones existenciales, a las grandes preguntas. No son pocos los que reconocen beneficios después de haber pasado por una situación de crisis como puede ser la vivencia de una enfermedad grave. A pesar de ello, y volviendo a la impermanencia, debemos aceptar también la posibilidad de que la enfermedad sea una manera de morir. La enfermedad puede haber venido a ayudarte, pero quizás también haya venido a llevarte. Debemos aceptar desde la humildad esta realidad sin que por ello debamos perder nuestra integridad como seres dotados de una naturaleza superior. Querer luchar contra esta realidad puede convertirse en una fuente de sufrimiento inagotable. Vence el que se cura y también vence el que muere. Sanar va mucho más allá de la desaparición de la dolencia física.

-Algunos profesionales que no quieren apartarse de la ciencia ortodoxa se incomodan con la palabra espiritual.

-Las palabras no parecen suficientes cuando con ellas queremos referirnos a realidades sutiles como pueden ser las referidas al espíritu. Debemos reconciliar la ciencia con la espiritualidad. Entendiendo como espiritual una conciencia superior que trasciende la realidad puramente mecánica del ser. Entiendo que al referirnos a este tipo de conceptos la atención suele desviarse a cuestiones demasiado abstractas y atribuirle un sentido exclusivamente religioso. Sin embargo, sin apertura de conciencia el hombre vive sometido a la separación, a la esclavitud de lo aparente, a la continua lucha de los opuestos. Desde la dimensión espiritual no podemos diferenciar entre enfermos y sanos. Existe la experiencia de la salud como existe la experiencia de la enfermedad. Como dijo Aldoux Husley, “la experiencia no es lo que te sucede sino lo que haces con lo que te sucede”.

-En hospitales de Estados Unidos se acepta ampliamente esta cualidad, la espiritual, mientras que en Europa es resistida, se la ve mal. ¿Falta abrir más puertas?

-La psicología transpersonal, nacida en EE.UU., está implantando las bases para el reconocimiento de la dimensión espiritual. No podemos seguir viviendo ajenos a lo trascendente. La espiritualidad constituye el arte de vivir desde la manifestación de nuestros aspectos más elevados. Su papel es incuestionable ante la enfermedad. Si bien la religión, como conjunto de creencias y rituales, puede diferenciarse de la espiritualidad, me gusta considerar a la religión cómo una disciplina tan necesaria como la medicina y la psicología. La medicina, la biología, la física, se encargan del estudio de la realidad del cuerpo; la psicología, la filosofía, se ocupan de las cuestiones de la mente, la religión debería encargarse de despertar la experiencia espiritual genuina. The National Cancer Institute reconoce que la espiritualidad y la religión pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer.

-En el título de tu libro, Emma, pones “más allá de la enfermedad”. ¿Qué quieres expresar con esta idea?

-Lo que pretendo expresar es que la persona vaya más allá de la dolencia física, indicando que detrás de la enfermedad puede haber un mundo de significados mayores que otorgue sentido y valor a la misma enfermedad. En estos tiempos de crisis hablamos de la necesidad de innovarse, de reinventarse, tal vez la enfermedad sea la fuerza necesaria que nos ayude a alinearnos con nuestras potencialidades reales. Ante la enfermedad debemos aprender a conectar con nuestro ser esencial y alcanzar esa forma de tranquilidad y paz interior que nos permita ver lo que acontece con una perspectiva mayor que nos facilite el entendimiento y la aceptación.

-Tu experiencia como psicooncóloga es muy considerable, a lo largo de muchos años. ¿Cuál es el denominador común en quienes reciben el diagnóstico de un cáncer?

-Ciertamente el denominador común es el miedo. Miedo al dolor, miedo al sufrimiento, miedo a la proximidad de la propia muerte. Curiosamente, el denominador común entre quienes han tenido remisiones espontáneas o curaciones no esperadas por la medicina es la ausencia de miedo. La palabra cáncer tiene muchas connotaciones que dependerán de múltiples condicionamientos. El cáncer nos plantea un gran desafío.

-¿Está demostrado lo que acabas de afirmar con estadísticas?

-Investigaciones recientes en el campo de la psico-neuro-endocrino-inmunología (PNEI) han evidenciado que los pensamientos y las emociones positivas activan y fortalecen zonas del cerebro relacionadas con el sistema inmunológico. Déjame decirte, tal y cómo lo explico en mi libro, que se ha comprobado que las emociones positivas, como el humor o la risa, aumentan la inmunoglobulina, así como la cantidad y la actividad de los linfocitos. Asimismo existen evidencias de que las conductas empáticas pueden favorecer la respuesta linfocitaria. El sentirse apoyado y participar en un grupo de soporte aumenta las NK (natural killer, células responsables de la destrucción de las células tumorales) en número y en actividad. La hipnosis así como la relajación aumentan la efectividad de las células T, responsables de coordinar la respuesta inmune celular y de las NK.

-A quien llega por primera vez a tu consulta, con el diagnóstico recién informado, ¿qué le dices?

-Primero le escucho, recibo información de cómo se siente la persona y luego presento un plan de acción bien para enfrentarse a los tratamientos, bien para favorecer la recuperación a través de la aplicación de terapias cuerpo-mente. Espero conseguir que el paciente se involucre activamente en su proceso de recuperación.

-¿Con tu trabajo buscas que la persona retome el poder en sí misma?

-Absolutamente. La enfermedad no puede restar la confianza en uno mismo. El paciente de cáncer debe asumir el control sobre su enfermedad y promover la recuperación con su participación activa. Hay muchas cosas que un paciente puede hacer para conseguir el bienestar y la calidad de vida e influir en su recuperación. Los tratamientos médicos convencionales son los mismos en todos los países. Se pagan millones para recibir tratamientos médicos en EE.UU. cuando la mayoría son basados en protocolos de actuación avalados y reconocidos que son aplicados en todos los países. La diferencia no está tanto en los tratamientos convencionales sino en todas las otras técnicas que complementan y potencian. Hoy somos conscientes de que podemos producir cambios en nuestro organismo y gestionar nuestra propia salud. Éste quizás sea el principal avance en las terapéuticas actuales que marca una verdadera diferencia con la medicina tradicional, más mecanicista y material, y donde el paciente ejerce un papel meramente pasivo.

-Visión que aquí no hay…

-Las cosas están cambiando y confió en que sigan así. La visión de la nueva medicina será menos materialista y confiará en las capacidades del propio paciente para contribuir a su salud. El papel que juegan los procesos mentales en el inicio y curso de la enfermedad es indiscutible. El hecho de que podamos influir de forma positiva en nuestro organismo y potenciar las posibilidades de recuperación ha pasado de ser una hipótesis a ser una realidad evidenciada por la ciencia.

-¿Ese cambio de paradigma es en el tema económico o de creencias?

-Hay un cambio de paradigma en cuanto al concepto de salud. Hemos pasado de la "creencia" a la "evidencia" en cuanto a la conexión mente-cuerpo. La visión reduccionista centrada en el síntoma no conduce a la auténtica sanación. La nueva medicina contempla al individuo desde su integridad. Se reconocen los mecanismos internos de curación. Se acepta la existencia de un sanador interior, nuestra capacidad para influir en nuestro organismo y producir cambios favorables para nuestra salud.
Con respecto al paradigma económico, sería necesario un apoyo importante para la integración de las nuevas medicinas (medicina china, medicina holística, medicina bioenergética, medicina natural, medicina integrativa, etcétera) en los estamentos oficiales, sin que sea el propio paciente el que tenga que buscarse las soluciones complementarias o alternativas por su cuenta y sin la guía adecuada. Desde un punto de vista económico-social, se podrían reducir los gastos derivados de la enfermedad de una manera considerable si todos aprendiéramos a generar salud y bienestar. Los tratamientos tradicionales son mucho más costosos. ¿Interesa el cambio? No sabría qué decirte... Prefiero pensar que sí.

-¿Puedes explicar qué es la bioinformación?

-Es obtener información de variables biológicas para ponerlas bajo nuestro dominio. Hoy sabemos que podemos influir en variables fisiológicas que creíamos escapaban a todo control voluntario, por ejemplo sobre el sistema inmunológico. Investigaciones recientes han demostrado que la mente (pensamientos, estados de ánimo, ansiedad) influye de modo significativo en el funcionamiento del sistema inmune y el desencadenamiento de la enfermedad. En oncología, con el uso de la bioinformación, concretamente con el biofeedback, intentamos reeducar la actividad cerebral de la persona afectada porque se sabe que un cerebro en exceso de alerta (miedo) por ejemplo, con una actividad registrada de 30 herzios, es un cerebro con muchas posibilidades de influir en un debilitamiento del sistema defensivo; en cambio, un cerebro que es capaz de relajarse por debajo de 4/5 herzios, multiplica la actividad de las natural killer.

La bioinformación aplicada al cáncer es de una eficacia incuestionable, tanto para contribuir al bienestar como para paliar los efectos adversos de los tratamientos. Al mismo tiempo la relajación facilita el uso de la imaginación inducida (visualización), una técnica poderosa en la lucha contra el cáncer.

-Es llamativo observar que, frente a los casos de remisión espontánea, desaparece el interés por investigar qué ha sucedido, y así se pierde una valiosa información que ayudaría en la cura de la enfermedad.

-Permíteme contestarte a esta pregunta con las palabras de dos célebres investigadores: Metalnikov y Chorine. En general, no tenemos suficientemente en cuenta el papel que desempeña el sistema nervioso ni tampoco el de la acción psíquica sobre la vida del organismo. Y, a pesar de ello, es incontestable que el debilitamiento de las fuerzas psíquicas no sólo es consecuencia sino también la causa de diversas afecciones. Es lamentable que, en este aspecto, el estudio del organismo se encuentre tan atrasado. El papel de las fuerzas psíquicas y su influencia sobre la vida del cuerpo son muy grandes, incomparablemente más grandes de lo que se piensa. Todos los órganos, el corazón, los pulmones, los intestinos, las glándulas de secreción interna, se encuentran estrechamente unidos al sistema nervioso. Ésta es la razón de que el estado psíquico del paciente, en todas las enfermedades, tenga tanta importancia. Conociendo todo esto, debemos comprender que en la lucha contra las enfermedades es tan necesario actuar sobre el psiquismo como prescribir medicaciones.

-Hablemos nuevamente de tu libro. ¿Qué mensaje final quieres transmitir al lector?

-Como dice el título, el mensaje sería el de buscar ese sentido y valor que la enfermedad reclama más allá del fatalismo y la idea de infortunio. Una frase dice “el dolor es real, el sufrimiento es optativo”. Necesitamos abarcar mucho más allá de las fronteras del cuerpo físico.

-Recuerdo el libro de Ken Wilber, “Gracia y coraje”, que narra cómo vivió el proceso de la enfermedad de su mujer Treya.

-En medio de la angustia de encontrar la curación como fuera, faltaba ese punto espiritual de reconocimiento de que tal vez ha llegado la hora de irse. La aceptación de esa realidad con amor, con humildad… Y eso pasa mucho en los casos de quienes se someten a quimioterapia hasta el punto de que ya no pueden más; muchas veces mata más el tratamiento que la enfermedad en sí, y es miedo. Hay un momento donde la persona debe encontrar serenidad. En mi caso, yo quiero ser muy consciente de ese momento, aprovechar para estar cerca de mis seres queridos.

-¿Para cada persona ese sentido de plenitud es distinto?

-El sentido de plenitud al que me refiero tiene que ver con un sentido interior de paz y serenidad. Estar pleno es estar en contacto con tu ser esencial trascendente e infinito. Liberado de los apegos, del mundo de las formas. Vivir centrados en nuestro interior a la vez que admitimos la necesidad de reconocernos como un todo que nos libera de nuestra pequeña individualidad. Uno de mis pacientes antes de morir dejó una maravillosa nota que muestra lo que significa sentir la plenitud y la armonía interior, incluso ante el final de la vida, y decía así: “Cuando esté preparado para irme, me ayudarás a cerrar las maletas, abrirás la ventana para que pueda salir y celebrarás el milagro de habernos conocido”.

Cuando vivimos en el yo y en el tú, separados, creemos que “yo estoy sano y tú estás enfermo”, pero no es así. Quizás seas tú quien tenga hoy la experiencia de enfermedad y yo sea el que tenga la experiencia de salud, pero quizás sea yo el que mañana tenga la experiencia de enfermedad y tú tengas la experiencia de salud. Y así se funciona durante el ciclo de la vida.

Nota a Emma Barthe por Aurelio Álvarez Cortez