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Buena letra, mejor vida | "Los aprendizajes que realmente cuentan son aquellos que se hacen inconscientemente", afirma Joaquim Valls

Reeducar nuestro comportamiento a través de la caligrafía. Es la propuesta de Joaquim Valls, creador del método Kimmon y autor de varios libros, entre ellos "Maravillosa mente", que acaba de publicar Obelisco. También es uno de los conferenciantes de "Cita con el éxito y la prosperidad", que organiza TÚ MISMO

-Quim, ¿cómo empezó esta experiencia de cambiar el comportamiento a través de la grafía y el método Kimmon?

-Enseño matemáticas desde los 18 años y mi clase se ha simplificado cada vez más. Con el tiempo me di cuenta de que el alumno cuanto menos piensa, más aprende. Y lo hace fácil, rápido y muy bien. Rafa Nadal no piensa la jugada que hace con una pelota lanzada a 200 km. por hora, no da tiempo para pensar cómo colocar la próxima raqueta; es instintivo, inconsciente. El extraordinario matemático y filósofo Alfred North Whitehead lo deja muy claro: "Un tópico tremendamente erróneo, repetido en todos los cuadernos de ejercicios y por personas eminentes en sus discursos, es el que debemos cultivar el hábito de pensar en lo que estamos haciendo. Pues se trata precisamente de lo contrario. La civilización avanza ampliando el número de operaciones que podemos realizar sin pensar en ellas". Es decir, los aprendizajes que realmente cuentan son aquellos que se hacen inconscientemente. La clave es cómo reeducar nuestro inconsciente.

-¿Puedes explicar la relación entre inconsciente y caligrafía?

-Nuestro inconsciente se refleja claramente en nuestra caligrafía. Había leído estudios de William James, el famoso psiquiatra, y de Santiago Ramón y Cajal, neurólogo y premio Nobel, que decían que si tú cambiabas las facciones del rostro o si actuabas "como si", acababas transformando tu personalidad. De modo que me planteé que si imitábamos la letra de una persona con una vida plena, de una persona encantadora, quizá conseguiríamos reeducar nuestra personalidad. Fue una hipótesis en el 2010 que tuvo un cierto éxito porque, desde el punto de vista mediático, mi primer libro, "Buenos días y buena letra", tuvo mucha repercusión. Y siguiendo un consejo de mi mujer, que me dijo: "Tú eres profesor universitario, o le pones ciencia a esto o no te creerá nadie", decidí emprender mi tesis doctoral sobre la grafotransformación.

-Era el sello de calidad necesario para respaldar tu idea original…

-Como soy economista, encontrar un director de tesis fue algo muy complicado. Me decían: "Método grafo… ¿qué?". Al final encontré un "loco" visionario que entendió mi tesis y me exigió que realizara un experimento con un mínimo de treinta personas. Este trabajo me retrasaba casi un año la tesis, porque mi método dura nueve meses, pero finalmente conseguí cincuenta voluntarios. Además, contaba con otros cincuenta como grupo de control que no hizo el método. Tanto al principio como al final, todos hicieron el test VIA de las 24 fortalezas de Martin Seligman, en el cual se analizaba su inteligencia emocional. El resultado, que publico en mi último libro, "Maravillosa Mente" (Obelisco, septiembre 2013) fue que los que hicieron el método, al volver a responder el test, habían aumentado su inteligencia emocional una media del 300%, con respecto al grupo de control.

-¿Somos como los perros de Pavlov? ¿Con un buen adiestramiento podemos convertirnos en lo que queremos ser, con lo que tú llamas reeducar el inconsciente?

-Sí y no. Hay un libro extraordinario que recomiendo a los lectores que es "Pensar rápido, pensar despacio", del psicólogo y premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, que lo explica muy bien. Tenemos una parte consciente que nos distingue de los perros de Pavlov, lo que ocurre es que nuestra inteligencia inconsciente es muchísimo más rápida y por lo tanto el 90% de las cosas que realizamos diariamente lo hacemos con el piloto automático. Nosotros usamos el inconsciente, al que hay que educar sin duda. Pero nosotros somos a la vez el amo y el perro. En "Maravillosa Mente" afirmo que somos nuestros propios demiurgos: nuestra parte consciente puede dirigir nuestro entrenamiento. Conscientemente puedo preguntarme qué quiero llegar a ser, qué personalidad de las que tengo a mi alrededor admiro. A partir de ahí puedo dirigir mi adiestramiento para llegar a ser alguien muy parecido a mi ideal. Podemos tener otro carácter, reeducado.

-También afirmas que se puede aprender científicamente a cumplir un sueño.

-La palabra sueño es peligrosa. En el libro "Si no está roto, rómpalo" Robert Kriegel dice que "un sueño es un proyecto con alas", es decir, un plan que nos trasciende, que hoy por hoy parece imposible de alcanzar. Ese tipo de proyectos ilusionantes los podemos alcanzar si nos adiestramos. Un ejemplo. Este verano he escrito dos libros, uno titulado "Emocional Mente: reeduca tu carácter para no amargarte la vida, para siempre estar de buen humor", que saldrá publicado en enero (Obelisco), y otro, "Genial Mente: las claves de la inteligencia, el talento y la creatividad" para estudiar e innovar con éxito, y, en el que recojo la experiencia que he vivido con mi hija este verano. Le dije "vamos a aplicar contigo esta manera de aprender matemáticas a nivel inconsciente". Resolvió 1.200 ejercicios en 60 horas durante el mes de julio; y 8oo en 15 horas en agosto. De sacar un 4 de nota final en segundo de ESO, ha pasado a resolver los problemas como lo haría un profesor experimentado. Ella ha conseguido su ideal: aprender matemáticas inconscientemente. Ve un problema y ya hace sin saber por qué. Al reeducar nuestro inconsciente podemos alcanzar el proyecto que queramos.

-A nivel personal, cuando dan sentencias demoledoras me interesa que me digan cuál es el diagnóstico de mi problema circunstancial, pero del pronóstico me encargo yo.

-Te "compro" la frase. Esto me recuerda que el curso pasado en la universidad tuve una alumna que hacía todos los ejercicios muy bien, era la mejor de la clase y un día le dije: "Tú seguramente debes venir del bachillerato científico". Me respondió que no, que venía del bachillerato social. "Debías ser la número uno", supuse. Y me confesó que no, había repetido el bachillerato por "culpa" de las matemáticas. Quedé sorprendido. Su nota final fue 9,50. Le pregunté si podía citar su caso en el nuevo libro que preparaba y contestó que sí. "Mi padre cuando recibió la nota se puso a llorar –comentó– porque en el colegio le habían dicho que yo no tenía ningún futuro en la universidad y menos en una carrera científica, que no aprobaría nunca matemáticas". No aceptó el "no". En lugar de cumplir con lo que yo pedía, hacía el doble. No aceptó el pronóstico, luego del diagnóstico tomó medidas y es "una chica diez" en matemáticas.

-Veo una relación entre lo que dices y tu fórmula 10/90...

-Claro. La fórmula dice que con el consciente hacemos el 10 % de las cosas, mientras que con el inconsciente, el 90 %. Y toda la educación en los colegios y la universidad se basa en el consciente, ¡es absurdo! Pudiendo ir en AVE, vamos en patinete.

-Ya que hablas de educación, también aseveras que no estamos viviendo una crisis sino un cambio de paradigma.

-Cuando se aprobó la última reforma laboral, viajábamos en el coche con mi mujer y mi hija, que entonces tenía 13 años. Conducía mi mujer, que lo hace mejor que yo, y eso me permitió girarme para decirle a mi hija: "Marta, no te hagas empleada de nadie: te despedirán tarde o temprano. La última reforma laboral transfiere el riesgo al empleado; si las cosas le van bien, el empresario se queda con el beneficio, y si van mal, despide a los empleados sin casi coste para la empresa. A mí en la carrera me enseñaron que lo que justificaba el beneficio era el riesgo. En este sentido, te tienes que hacer emprendedor. No podemos esperar que se creen puestos de trabajo y nos vayan a llamar para emplearnos porque dentro de unos años nuestro conocimiento será obsoleto y siempre habrá una persona más joven que nosotros y más barata que venderá sus servicios más rápido y mejor que nosotros.

-Te defines como traficante de conocimiento.

-Tenemos que cambiar la idea de dinero por la de talento. Hoy lo importante son las librerías y no los bancos. Lee, lee mucho, estudia, adquiere conocimiento. El conocimiento se convierte en talento, que en griego significa moneda. Toda mi vida he estudiado para los demás, aprendo y enseño, leo y escribo, compro conocimiento a granel y lo vendo en papelinas.

-Hoy la sociedad piensa estilo "fast food": todo rápido y fácil. ¿Es posible y sustentable vivir así?, ¿no nos conduce a ser un colectivo de frustrados, de pesimistas anónimos, como dices tú?

-Yo soy un optimista. El gran reto es la educación, cambiar de raíz el sistema educativo. Esa es la solución, que los padres eduquemos mejor a los hijos y ahí el método Kimmon tiene una incidencia espectacular porque sólo hay que introducirlo en las escuelas. Es un recurso gratuito porque allí la caligrafía ya se emplea. Se trata de un cambio radical, que además saldrá mucho más barato. Mira, es un error gravísimo que en las escuelas a los niños se les haya puesto un portátil…

-Dime por qué.

-Si te fijas, lo que mejor recuerdas es lo que recuerda tu cuerpo. Un ejemplo, tengo un problema de oídos que impide bañarme en el mar o la piscina, si lo hago me quedo sordo. Mi hija creía que su padre no sabía nadar porque no me había visto hacerlo nunca. Un día pensé: "Que vea que sé nadar". Lo hice y se quedó muy sorprendida. Hacía diez años que no me zambullía, pero nadé perfectamente, mi cuerpo recordaba cómo hacerlo. Bien, la mano es tu cuerpo, aquello que memorizas escrito a mano. Es innato cuando estamos aprendiendo un idioma escribimos varias veces los vocabularios.

-¿Así de simple?

-Para aprender a nivel inconsciente la mano es espectacular porque la motricidad fina de la mano está en los ganglios basales, que es donde se ubican nuestros hábitos, es decir, nuestro carácter aprendido. Cuando yo aprendo de memoria escribiendo a mano, voy directo al inconsciente. El inconsciente se educa y reeduca a través de la memoria, y si lo hacemos mediante la escritura a mano, empleamos un método muy eficiente. ¿Qué hemos hecho en las aulas? Hemos puesto portátiles, proyectamos power points. En la primera clase con mis alumnos estaba abierto el power point de otro profesor, lo cerré y les dije: "¿Os enseñaron a conducir con un power point, o bien os montaron en un coche?". Bolonia dice que el protagonista es el alumno, ¡esto lo inventaron las autoescuelas! El alumno se sienta al volante y el monitor es un acompañante. Aprendes conduciendo, es la única manera.

-Aprender haciendo…

-Eso es Bolonia. En la universidad española hemos convertido el Plan Bolonia en hacer trabajos. Se aprende trabajando, no haciendo trabajos. La mayoría de los trabajos que se entregan son copiados. Le damos el título a Google. El power point casi siempre es un fraude, una chuleta enorme para que el profesor ni siquiera tenga que prepararse la clase; él lee, tú te aburres y no aprendes nada.

-¿Y el esfuerzo? Vivimos en "la cultura del diván y el televisor".

-Reeducarse es como aprender a tocar un instrumento musical, un idioma extranjero o entrenarse para tener un cuerpo saludable. En nuestro método hemos testado que en nueve meses el cambio es espectacular. Hay personas que a los cinco o seis meses ya consiguen resultados muy buenos, pero es un mínimo de tiempo. Sin esfuerzo es imposible. Cuando decidí enseñarle matemáticas a mi hija este verano, le advertí a mi mujer: "No va a ser fácil, cuento con tu colaboración". Hubo algún día que Marta terminó llorando. Cuando llegó el primer viernes pensaba que los deberes eran para el lunes y le expliqué: "No, cariño, esto es de lunes a domingo, para el cerebro es muy importante la cadencia de las 24 horas". Se enfadó, pero después de 60 horas, el resultado fue espectacular. El carné de conducir no lo sacas en dos días, tardas un tiempo, y luego te ponen una L, al cabo de un año empiezas a conducir bien.

-Es curioso. ¿Por qué algunos chicos se sacan el carné de conducir a la primera y no son capaces de sacarse la ESO?

-¿Cómo consiguen aprobar el examen teórico si aparentemente no sirven para estudiar?, porque no piensan en el examen, sino en lo que harán el día que ya tengan carné. Es un sueño, visualizan lo que harán: la libertad que da el coche, no tener que dar explicaciones… En la carrera pasa lo mismo. A mis alumnos les digo "No penséis en el examen de mates, pensad lo que haréis cuando tengáis terminados los estudios. Si os dedicaréis a la Bolsa, a dirigir la empresa familiar o la de otro, o si queréis montar vuestro negocio". Si piensas en el premio, en la ilusión, es un esfuerzo que haces con ganas.

-Ganas con ilusión.

-Yo lo llamo determinación. Siempre recomiendo otro libro de título genial, "Con ganas, ganas", de Santiago Álvarez de Mon. En España tenemos un futbolista muy bueno, Puyol. En un partido contra un equipo de tercera división, en plena pretemporada, después de haber regresado de una gira por Estados Unidos, fue a rematar un córner en el minuto 90, el Barcelona ganaba 8 a 0. Remató y volvió corriendo. Mientras lo hacía, se giró a Piqué y le pegó una bronca porque no corría. Eso son ganas. Nunca será Messi, pero con ganas puedes llegar a ser alguien fantástico.

-Ya que nombras figuras deportivas, también has escrito sobre Pep Guardiola.


-Mi libro sobre Guardiola está basado en cómo él se ha hecho a sí mismo por imitación. Desde muy pequeño ha elegido amigos unos diez años mayores que él, como Guillermo Amor, un jugador valenciano que estaba en la "Masia" del Barça y que llegó al primer equipo. Guardiola iba a todos los partidos para ver qué hacía Amor, y lo imitó. Más tarde se hizo muy amigo de Juanma Lillo, entrenador, y se da el mismo patrón, aprendió de él, lo emuló.

Hagamos lo mismo con el propio Guardiola: veamos qué hace bien y conseguiremos en nuestro ámbito hacer cosas como él. Yo lo llamó un líder sol, dice "mis jugadores han ganado". Es un sol y los futbolistas, los planetas que gravitan a su alrededor. Les da calor, los orienta, los hace brillar. Si conseguimos ser líderes sol en nuestros ámbitos, que la gente brille como reflejo de nuestra luz, haremos un mundo mejor. En enseñanza, por ejemplo, debemos conseguir que cada alumno llegue al máximo de su potencial.

Aurelio Álvarez Cortez,
Periodista