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Emociones aquí y ahora | Si gestionamos las emociones evitamos sufrimientos inútiles, afirma Jorge Zentner

Todavía falta darnos cuenta de qué son en realidad. En un momento en que la sociedad se ha volcado a conocer la llamada inteligencia emocional, tenemos esta asignatura pendiente y de ello conversamos con Jorge Zentner, escritor y terapeuta, coautor de "Las cuatro emociones básicas"

-¿Cómo surgió la idea de escribir este libro entre tú y Marcelo Antoni?

-La intención fue dar una información lo más clara posible acerca de qué es una emoción, cómo se manifiesta, por qué es importante trabajar sobre las emociones básicas y cuál es la importancia de aprender a gestionarlas. Me lo propuso Marcelo, que es uno de los introductores de la Gestalt en Barcelona, y yo había hecho terapia con él. Luego de dos años de conversaciones, donde hubo tiempo para el diálogo y también para ver ejercicios, meditaciones, editamos el material y una tercera parte de todo lo transcripto tomó la forma del libro.

-¿Somos conscientes de nuestras emociones?

-Generalmente las experimentamos sin conciencia, lo que impide una buena gestión, y nos identificamos con ellas; lo vemos en el lenguaje cuando decimos "estoy rabioso, estoy triste" en lugar de "siento rabia, siento tristeza"… No diferenciamos lo que es la emoción de las sensaciones que la emoción nos produce.

-¿Podríamos decir que algunas son buenas y otras malas?

-No hay emociones buenas o malas, positivas o negativas. Las emociones son funciones orgánicas. Si partimos de que una emoción es mala, la conciencia lo primero que hará será negarla, no la podremos reconocer en nuestra experiencia porque no admitiremos que experimentamos cosas feas. Por lo tanto, si clasificamos, no vemos la emoción y sólo la experimentamos inconscientemente, es decir, gestión cero. En el libro explicamos la diferencia entre dualidad y polaridad para entender por qué las emociones juegan entre sí, por qué no hay una emoción mala o buena, cómo participan las polaridades en el ser humano y lo destructivo que es percibir al ser humano como dual. Si creemos que en su interior tiene lo bueno y lo malo, a lo malo vamos a querer destruirlo, y sobreviene la violencia, lo cual se proyecta en el mundo, como observamos todos los días.

-Y si sabemos gestionar las emociones…

-Evitamos sufrimientos inútiles, de lo contrario hacemos una gestión neurótica de la emoción, no respondemos a la experiencia que se presenta. En lugar de responder, confundimos y no contactamos con lo que está sucediendo, lo hacemos con memorias de la infancia, por ejemplo. Esto revela aquello que textos budistas y de autoayuda, entre otros, destacan: la importancia de estar en el aquí y ahora, traer la conciencia al presente. El aquí es mi cuerpo, el lugar donde ahora estoy, y ahora es lo que siento ¡ahora! Si quiero traer mi conciencia al aquí y ahora, será a lo que estoy sintiendo en el cuerpo. Es la base de toda meditación, el budismo zen consiste en eso, en estar con la conciencia presente, de esto habla Eckhart Tolle. Toda emoción procede del organismo y llega a la conciencia por el "darse cuenta", nos dice cómo estamos ahora, cuando entramos en contacto con una determinada experiencia interna o con el mundo que nos rodea. Las emociones son el gran anclaje en el ahora porque la emoción no la podemos sentir ni antes ni después.

Además, nunca hay dos emociones iguales, los matices de la vivencia emocional tienen que ver con el ahora.

-¿De algún modo la sociedad nos entrena para reprimir las emociones?


-En todos los sistemas hay emociones negadas: en la familia, la sociedad, la cultura, siempre hay emociones negadas. Por ejemplo, se escucha decir "en casa siempre estamos contentos, somos muy positivos…", "nunca nos peleamos entre nosotros, no, ¿la rabia?, en casa rabia no, nos queremos mucho...". Esa es una emoción negada que puede venir porque dos o tres generaciones antes alguien mató a otra persona, y en esa familia se prohibió la rabia, se convirtió en un tabú. Cuando toca sentir rabia, se dice "perdón… fue culpa mía, no se preocupe, no me dolió, no me hizo nada". A la emoción negada le ponemos otra, como un comodín, que se convierte en la emoción fijada, la neurótica.
Siempre hay dos emociones simultáneas y por lo tanto, dos mensajes cognitivos también. Yo no siento solo rabia, sino también miedo de que me lastimen, que en lugar de decir "ve y rómpele la cabeza", grita "¡retírate y agárrate fuerte!". Es ahí cuando alcanzo un cierto equilibrio.

-La escuela sería un lugar clave para entrenarnos en este aprendizaje.

-Primero de todo, los maestros. Por eso es que hay tantos proyectos en este sentido, como los que realiza la Fundación Claudio Naranjo. Su esfuerzo actual está centrado en trabajar con los educadores porque es la manera, la única, de encarar este desafío de futuro.

-¿Qué es lo primero que debemos hacer para gestionar una emoción?

-Lo primero es reconocerla, darse cuenta de que estás sintiendo eso en el cuerpo. Una emoción es una cualidad energética, una información energética. Si es rabia, estoy experimentando una energía caliente y expansiva, lo cual me permite alejar de mí aquello que me molesta. La alegría me permite atraer para compartir el calor que estoy experimentando, mientras que la tristeza permite entrar hacia mí mismo y aflojarme para vivir la pérdida, darme cuenta de cómo mis emociones evolucionan en el interior, me lleva hacia dentro. Y el miedo es frío, me cierra, es una contracción. Estas funciones corresponden a lo que observamos en el universo, dos movimientos esenciales, de contracción y expansión. Las emociones son lo vivo en nosotros, energía de contracción y dilatación, y las cuatro básicas son dos pares de polos. La rabia es caliente y expansiva; el miedo, frío y retracción; la tristeza es fría y tira hacia dentro, y la alegría me calienta y me lleva a compartir el calor hacia fuera. Por eso decimos que un muerto no siente. El vivo se emociona siempre, siente cosas.

-Dices que las emociones se presentan de a pares, ¿por qué?

-Sí, nunca lo hacen solas. Por ejemplo, si una persona nos pisa un pie en el autobús, lo primero que sentimos es rabia, producto de la molestia y la frustración. Si sólo sintiéramos rabia, ¿qué haríamos?, agredirla, sin duda; pero al mismo tiempo experimentamos otra emoción, generalmente de sentido contrario, que nos permite equilibrar. A esto se suma la gestión de la emoción. Cuando siento una emoción tengo una información corporal y además una información cognitiva, me tengo que enterar de lo que siento. Cuando siento algo, me digo algo. En este caso, puede ser "¡gilipollas, qué falta de atención, podías haber mirado!". Una voz interior rapidísima, tanto que no me entero, pero me lo digo y me guía para la acción. La información que tengo de las emociones es para la acción o no acción.
La emoción se produce en el presente, informa sobre lo que vivo en el presente, situándome para actuar eficazmente. Una gestión eficiente de la emoción permite fluir con la realidad.

-Muy bien, primero reconocemos la emoción, ¿y a continuación?

-El paso siguiente es llegar a un punto medio del registro emocional. En una escala de 0 a 10, si estás triste te ubicas en el 0 de la alegría, y si estás eufórico, en el 10 de la alegría. Triste, te aíslas, y eufórico, no ves a nadie y atropellas. Necesitas llegar a un punto medio, como la serenidad, que es desde donde podrás sentirte, gestionar y ver al otro. Y precisamente el otro actuará desde la generación de otra emoción en sí mismo, por lo cual arribamos a la conclusión de que las emociones no son estados, sino una constante dinámica. Una emoción sucede a otra, y lo patológico es la fijación porque ante distintas cosas, me quedo siempre en la misma emoción.

-¿Nos queda alguna tarea más por realizar en la gestión emocional?

-La expresividad, el movimiento, la danza, son vías regias para darle cauce a las emociones. Yo bailo los "Cinco Ritmos de Gabrielle Roth", una meditación dinámica para vivir el mundo interior y expresarlo. También podemos conseguirlo a través de la literatura, la música, el lenguaje corporal, la vestimenta, nuestro espacio en el trabajo, en casa… son los vectores por donde estamos manifestando nuestro mundo interior.

-Quienes tienen emociones "a flor de piel", ¿son personas frágiles, hipersensibles?

-Generalizar puede ser muy peligroso, me niego a hacerlo ya que nos podemos confundir. Una persona puede estar hipersensibilizada porque está viviendo la pérdida de un ser querido, y sería una barbaridad decir que está frágil.

-Por eso en esta cuestión de las emociones hay que personalizar, individualizar.

-Absolutamente, porque es lo más vivo y propio que tenemos. Al mismo tiempo, otra cosa importante es saber que nosotros no somos nuestras emociones, del mismo modo que no somos el color de nuestro pelo, o nuestra talla, nuestro peso, etcétera. Sabiéndolo, podemos conocer al objeto y relacionarnos con él. Si nos identificamos, sin esa distancia para reconocer, no podemos gestionar.

-En el mundo de la publicidad vemos cómo se vende por emociones, todo entra emocionalmente.

-En mis talleres de literatura explico que el vector de la comunicación es la emoción. Si quieres comunicar algo es lógico que te sustentes en la emoción. Para lograr una publicidad eficaz tienen que apelar a lo emocional. La diferencia entre la mentira y la ficción es que en la mentira se cuenta lo mismo que en la ficción, pero en ésta lo creemos porque hay emoción, y ahí se genera la empatía.
Decimos que estas emociones son básicas porque las siente un asiático, un africano y yo también, es lo único en que nos entendemos. Soy autor de 50 libros, publicados en Corea, China, países con culturas muy diferentes a la occidental, y pregunto cómo un editor compró mis libros para que los lean niños de esos sitios tan alejados y diferentes. La respuesta es: porque ellos sienten lo mismo que nosotros.

-Como tengo a un autor de libros para niños ante mí, me pregunto si nuestro niño interior no tiene algo que ver con lo que estamos hablando.

-Si en nuestra conciencia de adultos no nos ocupamos del niño herido que todos llevamos en nuestro interior, faltará también la gestión emocional, porque puede suceder que a una situación presente le demos una respuesta infantil. Nuestra responsabilidad individual es poder encargarnos de establecer una relación amorosa con este niño herido, para no andar por el mundo mendigando amor. En caso contrario, el niño andará reclamando amor en el trabajo, en todos lados, demandará lo que los padres no le dieron, y naturalmente… no se lo darán.

-¿Qué es lo que nos queda a los lectores de tu libro?

-Una actitud, una aproximación muy compasiva con el ser humano. Desde la empatía, la escucha, el comprender, la intención de llegar a una persona que se desarrolla, que aprende a vivir, sabiendo que en este aprendizaje se cometen errores como parte del aprendizaje, con la intención de crecer, de ser cada vez más auténtico, más humano.

por Aurelio Álvarez Cortez,
Periodista,
editor de
la revista Tú Mismo
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