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Soy un yogui | "La paciencia es el elemento sustancial para cualquier disciplina de conocimiento y el yoga no está exento" de ella, dice Gopala

Pertenece a una de las escuelas más reconocidas del Yoga en el mundo. Reivindica el espíritu clásico de esta práctica. Cuando deja sus funciones como gerente del Consejo General del Poder Judicial, todos lo llaman Gopala. Dialogamos con José Mª Márquez, que participará en el próximo Congreso Mediterráneo de Yoga

-¿Cómo llevas esto de trabajar en el Poder Judicial, el yoga y la poesía? Parece un tanto alquímico todo ello para una persona.

-Ante todo considero que soy un yogui. El yoga es un arte de vivir lleno de facetas. Cuando conocí el yoga a través de Swami Vishnudevananda supe que es una técnica que te enseña a respirar, a realizar asanas y que la condición natural del ser humano es el estado de relajación. También da una serie de pautas dietéticas relacionadas con la forma de alimentarnos, respetando el concepto de ahimsa (no violencia) en su máximo sentido y, por tanto, la dieta vegetariana. Estos cuatro elementos conducen hacia una transformación del estado de desasosiego en calma y permiten la meditación y el pensamiento positivo. Estos cinco componentes son la esencia del yoga, que puedes aplicar en tu vida en todo momento, y no sólo cuando vas a tomar una clase de yoga. Si estoy en la vida judicial, acometo esos mismos principios desde que entro en una oficina hasta que salgo de ella: respiro con calma, mantengo mi dieta vegetariana, lo más equilibrada posible. Creo que el ser humano puede vivir relajado y, sobre todo y lo más importante, puedes generar paz y calma para sí mismo y para su entorno. Yo no veo diferencia entre el yoga y el trabajo. La alquimia se ha producido.

-¿Con el sistema judicial estamos pagando algún karma como sociedad, teniendo en cuenta los tiempos que corren?

-Los seres humanos estamos pagando karma siempre porque es parte de nuestra existencia. La ley de karma es muy sencilla: todo lo que has hecho a título individual, familiar, colectivo, genera efectos en tu futuro próximo. Pero esta ley tiene una gran bondad y es que, en función de cuál es tu actitud en el presente, podrás generar efectos en un momento futuro que serán de una u otra manera en función de tu actitud. Por tanto, sin duda, lo que tenemos actualmente en cualquiera de los ámbitos de la vida, individual y colectivamente, no sólo en la Justicia, deriva de todo lo que hemos hecho con carácter previo. El futuro está en nuestras manos.

-Por lo que dices, advierto cierto optimismo acerca de que podemos poner en perspectiva lo que está sucediendo y sentir una energía disponible para que todo cambie en nuestro beneficio.

-A título personal, como yogui y también como ciudadano, creo que esta crisis no es mayor que otras acontecidas a lo largo de la historia. No soy especialista en crisis, ni antropólogo social, sociólogo o psicólogo; soy un yogui, analizo mi vida y la sociedad, mi entorno, como un yogui. El ser humano tiene la capacidad de encontrar el equilibrio y la calma, y el yoga enseña el camino en cualquier espacio. Independientemente de tu condición social, de edad, religiosa, sexual, te da pautas para reaprender la forma de respirar, de comer, de hacer ejercicios (asanas), de vivir en relajación física y mental y de transformar tu pensamiento de angustia en calma, como me enseñó Swami Vishnudevananda, uno de los discípulos de Swami Sivananda. Yo siempre he creído que el equilibrio del universo sólo depende del mío. Si yo estoy en equilibrio, todo lo que se encuentra a mi alrededor tiende al equilibrio. Esto no significa que sea en estados estáticos de equilibrio absoluto, constante, permanente, como tampoco podemos pretender que lo que existe en nuestro entorno esté en equilibrio permanente y constante. Pero, insisto, no creo que esta crisis sea más grave que otras anteriores. Nos obsesiona porque es la que tenemos, es el “masaje” que nos damos cada mañana cuando vemos las noticias, pero pasará como tantas. Lo que es cierto es que, dentro de las últimas, está transformando mucho a la mayor parte de los seres humanos. El yogui es un buscador y se adapta al terreno. Swami Vishnudevananda siempre decía “lo que tienes que hacer es levantarte cada día, hacer tus prácticas (asanas y pranayamas), meditar en silencio y luego llevar toda esa energía allá donde vayas”.

-¿Tú cómo lo haces?

-Me toca trabajar en el mundo de la Justicia, ahora mismo muy convulso, pero no lo está más que otros como el económico, el sanitario o el de la educación. Quizá uno de los elementos que hemos conseguido dentro de este ámbito, bastante conservador en el sentido social, no sólo en España sino en todas partes, es abrir pequeñas puertas para que la carrera judicial hoy sea tal vez una de las que goza de algo que otras no tienen. En los procesos de formación, tanto inicial como continuada de los jueces y magistrados, introducimos unos cursos que denominamos “Técnicas de relajación y concentración en el puesto de trabajo” y que es puro yoga, con la finalidad de mejorar la calidad y el confort laboral, minimizando los niveles de estrés de un colectivo que tiene un papel determinante en la resolución de conflictos sociales y que está sometido a importantes cargas de trabajo.

¿Por qué estamos ofreciendo desde hace unos años este tipo de actividad dentro del mundo judicial?, porque soy un entusiasta de los proyectos innovadores. Precisamente me han llamado de la Comunidad Valenciana para incorporar este nuevo año un taller de nueve horas, en el que trabajaremos con jueces y magistrados, la forma de visualizar, de respirar, de posicionarse en la silla, de relajarse. Lo haremos en Alicante en febrero. Pertenezco a ese grupo de “locos” que creemos que el mundo puede transformarse cuando nos transformamos a nosotros mismos y transformamos pequeños entornos a nuestro alrededor.

-Cuéntame en qué consiste esa forma de estar en satisfacción interna, llamada santosha o contento.

-Santosha es uno de los elementos sustanciales de la práctica del yoga. Es el saber estar en el aquí y ahora, en un estado de equilibrio y satisfechos; la sensación de suavizar el deseo, no de eliminarlo o restringirlo. El ser humano tiene deseos constantemente: quiere sentir calor o frío, comer, beber… Santocha es precisamente, cuando no posees los elementos para satisfacer esos deseos, estar igualmente a gusto que si tienes un ventilador, una manta, comida o bebida. Para mí es la clave de la práctica del yoga que enseñamos a nuestros estudiantes, y trato de incorporarla cada día.

En el mundo laboral es muy importante. Cuando es lunes, el dicho popular es “estoy de lunes”, que al parecer no es la condición óptima de un sábado o un domingo; en cambio en jueves la frase es “¿cómo estoy?, pues muy bien, ¡ya es jueves!” y si es viernes, ni te cuento… Esto es justamente el antisantosha, cuando lo que habría que decir es “¡qué maravilla, es lunes!”, y lo mismo un jueves, un sábado o domingo. No es fácil de entender, de explicar o asimilar, pero es posible. Te invito a que lo practiques, la semana se llena de belleza.

-¿Qué dirías de Rumi, poeta del siglo XIII, un tanto desconocido en esta parte del mundo, que te ha inspirado?

-Para mí Rumi resulta ser la esencia de la poesía, en términos de unión, de disolución en el Universo. Él y su maestro, Shams-e-Tabrizi, eran bien conocidos por Swami Sivananda. Rumi era un yogui en el sentido más puro de la expresión. No hacía distingos entre el ser hombre y el ser mujer, o entre tradiciones religiosas, precisamente en un lugar bien difícil porque era un lugar donde había diferencias en esos aspectos, y él las trascendía absolutamente. Cuando empecé a leer a Rumi comprendí que estaba muy cerca del yoga, de sus ideas y prácticas. A mí Rumi me enamora constantemente. Cada día intento buscar alguno de sus rubaiyats (poemas de cuatro estrofas), que me parecen perlas de sabiduría. Hice un poema homenaje a Rumi con ese título. Su poesía es esencia de la sabiduría y por eso me atrae tanto. Ahora mismo estoy trabajando en un disco, que saldrá en noviembre de 2013, que es una reinterpretación de sus poemas. Nosotros hemos elegido dieciocho poemas en diferentes registros, como rock’n roll, balada, etcétera, y con esas músicas los poemas suenan maravillosos y podrán llegar a más personas que nunca asistirían a un recital de poesía declamada de Rumi.

-En yoga hay corrientes que ven al ego como el enemigo a vencer, mientras otras proponen su integración. ¿Por cuál de ellas te decantas?

- Clarísimamente, por la integración. El yogui no es enemigo de nada ni de nadie. El ego es el elemento que en principio te identifica con tu cuerpo, tu mente, tu condición de ser humano. El yogui busca la desidentificación y Swami Sivananda decía “tú no eres tu cuerpo, no eres tu mente, ni tus sentidos, ni tus emociones; tú eres Lo que es, la divinidad en sí misma”. Para el desarrollo de esa disolución están tu cuerpo, tu mente, tus sentidos y emociones. El yogui va aquietando la densa presencia del cuerpo, de las emociones, la actividad mental, invitándoles poco a poco a que vayan alejándose, pero no reprimiéndolos. El yoga nunca reprime nada, sublima la Vida. El yogui es un invitador nato para que los elementos egoicos vayan disolviéndose, pero hay veces que eso dura muchas vidas. En cualquier caso, para los que no confían en que haya otras vidas, desde luego lleva toda una vida.

-Algunos creen que el yoga puede resultar aburrido por lo repetitivo. Es una crítica que se escucha y a la que tú qué respondes.

-La paciencia es el elemento sustancial para cualquier disciplina de conocimiento y el yoga no está exento de la necesidad de tener paciencia con la práctica disciplinada. Hoy estamos acostumbrados a satisfacer nuestras necesidades de inmediato, como si hubiera atajos para todo. Cuando hacemos una jornada de puertas abiertas en la Escuela Sivananda de Madrid siempre hago alusión a esta reflexión sobre la paciencia, porque hoy lo que se vende es la satisfacción instantánea de las emociones y las necesidades de conocimiento, y el yoga no sirve para esto. Swami Sivananda tiene cientos de máximas relacionadas con la paciencia. Es cierto que el yoga es repetitivo, sí. Es más, las prácticas que hacemos en nuestra escuela son repetitivas y algunos nos tachan de especialmente aburridos. Pero cada día tú eres diferente y harás la misma secuencia mecánica con tu cuerpo siempre con pequeñas variantes, será tu mente la que hará que cada una de las secuencias sea distinta porque ella continuamente está cambiando. Un día estás con las emociones a flor de piel, otras veces en calma, otras con angustia, un día llegas a clase amando la vida y al siguiente la odias…

-Junto al yoga clásico, actualmente han florecido muchas corrientes que ofrecen diversidad en la práctica y por eso, tal vez, las críticas a las que hacíamos mención.

-Nuestra escuela de profesores es la que más ha formado en el mundo en toda la historia y sigue siendo un ejemplo de buena formación, con una probada instrucción. El yoga debe tener un efecto repetitivo y exige una importante dosis de paciencia y trabajo muy disciplinado. Sin embargo, hoy, como el yoga llega a más lugares, cada sitio requiere de algo. Por ejemplo, es cierto que a la gente joven le gusta más el yoga en pareja, más sensitivo, donde hay contacto uno con otro; o el yoga aéreo, porque te cuelgas, el yoga en caliente en el que sudas y estás más cerca de los elementos gimnásticos. La escuela de Yoga Sivananda no está en contra de nada y menos de los novedosos estilos de Yoga. Tenemos que dejar que esos espacios novedosos crezcan y se desarrollen, porque hay personas que de otro modo no se incorporarían a un método de conocimiento como el Yoga. Muchos acaban luego buscando el Yoga tradicional. Por tanto, les damos la bienvenida a todos los estilos.

-¿Cuál es tu compromiso con la Escuela Sivananda?

El proyecto fundamental en el que estoy es la transmisión de la experiencia de vida que Swami Vishnudevananda me enseñó. Yo soy un yogui, discípulo de swami Sivananda y swami Vishnudevananda, y el objetivo de mi vida es transmitir su conocimiento, para eso vivo, soy un servidor de ese propósito. La Escuela de Yoga Sivananda ahora mismo es la más extendida del mundo, y en junio de este año celebraremos el 40º aniversario de su creación en España. Cuarenta años abriendo 365 días al año al servicio de todos los que quieren aprender Yoga. Como escuela de formación su finalidad es formar personas que crean en el concepto del yoga para luego incorporarlo en sus vidas. No formamos profesores de yoga para enseñar en los Himalayas, sino para hacerlo en hospitales, en prisiones, en aulas… para ser yoguis, para experimentar el yoga.

-Vendrás a Valencia con “Despacio”. Adelanta algo de lo que veremos, gracias a tu generosidad, en el Congreso Mediterráneo de Yoga.

-En los últimos años el yoga me ha ido acercando a la poesía, no me atrevo a decir poesía mística porque creo que no me corresponde como aprendiz de la vida que me considero, como también de yoga. Sivananda decía que el yoga es más poesía que prosa, porque la poesía te acerca a lo divino que tú tienes.

Empecé a hacer pequeños poemas que compartía conmigo mismo, primeramente, y algunos estaban dirigidos a una persona en concreto. Pero me di cuenta de que en la mayoría había algo que era independiente de mí o de quien iba dirigido el poema. Trascendía el puro amor, la pura conexión y ausencia de ego. Estos poemas surgieron casi a la par de la lectura de Rumi y, como los yoguis somos osados, decidí en un momento dado compartirlos con algunos amigos. Luego descubrí que los poemas en muchas ocasiones son muy aburridos al escucharlos porque tienen muchas connotaciones personales, y si el poema no va dirigido a ti parece que deja de interesar. David González, músico profesional americano que produce todo tipo de actos musicales y que es amigo, un hermano, me propuso poner música para mis poemas. Así nos dimos cuenta de que esa combinación tenía entidad y le dije “si a ti y a mí nos gusta, igual le gusta a otros, ¿por qué no grabamos?”.

De este modo nació el primer poemario musical, “No para mi alma de reír”, y como creí que podía hacer un segundo disco, surgió “Despacio”, una forma de meditar, de disolverme en público. En Valencia lo presentaremos junto a un músico local.

Nota a José Mª Márquez por Aurelio Álvarez Cortez