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Universo sonoro | "La voz revela mucho más de lo que creemos", sostienen Nestor Kornblum y Michele Averard

La voz es un recurso que hombres y mujeres tienen para ser co-creadores. Con esta idea realizan su trabajo Michele Averard y Nestor Kornblum, pioneros en terapia del sonido a nivel nacional e internacional. Lo hacen a través del canto en sus formas puras. Michele participa con Las Voces de Gaia, en FestiVa 2014

-T.M.: ¿Qué significado esencial tiene para vosotros el sonido?

Nestor: Es nuestra forma de vibrar en armonía con la creación. Según Einstein, no existe la materia, todo es energía. Si es así, se trata de energía vibrante y la vibración genera un sonido aunque éste sea fuera de nuestro alcance auditivo, en frecuencias muy agudas o bajas que nuestro aparato auditivo no puede captar. Toda la creación está en vibración constante, emitiendo ondas sonoras. Vivimos en un universo sonoro y el Creador, Dios/Diosa, nos ha equipado con estas maravillosas voces para ser co-creadores y participar a través de la voz y el sonido.

Michele: En Inglaterra, cuando tenía 5 ó 6 años, jugando en la naturaleza, recuerdo que sentía una gran urgencia de vocalizar, de sonar, de cantar… No eran palabras, sino simplemente sonidos. Había una fusión con el entorno, el campo, los animales que me acompañaban, sentía una unidad. Al mismo tiempo, así estaba limpiándome de los efectos negativos de una historia familiar muy fuerte, era mi forma de sanar. Más adelante, con una madre cantante y un padre actor, fue inevitable que yo estuviera en un escenario. Todos me decían "qué bonita voz tienes" y durante años quise ser cantante. Por entonces, fui fiel a mi propio sonido, de rockera, guitarrista. Cantaba mis canciones hasta que encontré, otra vez por necesidad, ese sonido de unidad, y ahora mis conciertos son meditativos pues reencontré aquella paz que tuve de niña. El sonido siempre ha sido parte de mí y también mi maestro más grande, que me ha llevado a muchos sitios donde tenía que espabilar. El sonido es el amor.

T.M.: Vosotros proponéis reintegrar una parte de lo que somos a través del sonido, más allá de si somos o no "buenos" cantantes.

N.: Nuestra cultura occidental y el enfoque predominante sobre la música durante varios siglos han provocado una gran división entre los que "pueden" cantar, los músicos, y quienes "no pueden". En la letra pequeña agregan: "… y no deben". Queremos superar esto porque la voz es la herramienta que el Creador nos ha dado para participar en el proceso continuo de la co-creación en este momento. Por supuesto, hay gente que tiene el don y los que no tienen el don de hacerlo; no obstante, como forma de comunicación, no hay voces mejores ni peores, sino una forma de expresión. Además se puede examinar la voz y recibir mucha información, detectar áreas de la vida de cada persona que se pueden fortalecer. La voz revela mucho más de lo que creemos, puede dar muchísimas pistas sobre lo que está pasando en una persona. Primero hay que escuchar la voz, sacarla, que es uno de los trabajos que hacemos, Michele mucho más que yo después de haber publicado su libro ("13 pasos para liberar la voz curativa"). Mi trabajo con el canto de armónicos es ayudar a utilizar la voz como instrumento musical, más allá de la letra. Busco el puro sonido de los armónicos vocales, independientemente de si hay talento musical o no.

T.M.: Cualquiera puede sentir que al estar conectado emocionalmente con lo que canta es imposible quedar inmóvil, como si tuviera un tsunami interior.

N.: Científicamente está demostrado que el sonido se mueve a través de ondas que son desplazamientos de moléculas físicas. En el cuerpo, el sonido igualmente viaja como olas que se van moviendo por nuestro interior.

T.M.: ¿Y podríamos decir que produce un efecto saludable?

N.: Sí, es la intención. Como todas las herramientas, el sonido es un cuchillo de doble filo, tiene igual poder para construir y también para destruir. Por supuesto, nuestro trabajo es buscar, encontrar sonidos que restablecen la coherencia y armonía en todos los niveles del ser, tanto a nivel físico, emocional, mental como espiritual.

M.: Cuando una persona enferma se puede decir que está "desafinada", como una guitarra. Tiene una cuerda fuera de tono y sólo hay que girar un poco la clavija, buscando el punto de afinamiento. El problema es sacar su sonido, llegar al punto de decir "¡vamos, canta!", porque mucha gente está callada, piensa que los que aparecen en la tele, la radio, en los escenarios, son mejores y ellos no pueden.

T.M.: Como si hubiera un bloqueo…

M.: En el quinto chakra tienen una bufanda que aprieta la garganta, estrangula, formada por la acumulación de los "¡cállate!", primero de la familia, luego en la escuela y finalmente se callan ellos mismos pensando "ahora mejor no decir nada". Pero en estos tiempos, de nueva era de conciencia, en nuestros talleres trabajamos con ese chakra. Y vemos que al llegar a la garganta, donde está el quinto chakra, ¡ya estamos jodidos! (risas). Toda esa energía quiere moverse y expresarse, pero muchos la saltan y van directamente al siguiente chakra, el de las visiones, las ideas, los sueños, y después el séptimo. Han pasado por alto ese sitio que queda escondido, muy importante, que yo llamo de la paz porque cuando hay claridad en este chakra experimentamos paz.

T.M.: Nestor, fuiste alumno de una escuela Waldorf, donde se educa a través del arte, aspecto esencial junto con otras particularidades espirituales. ¿Qué te dejó esa experiencia pedagógica?
N.: Estuve pocos años en el sistema Waldorf, sólo en la etapa preescolar y los dos primeros años de primaria. Luego fui a un colegio del Estado, donde tuve una experiencia muy fuerte porque machacaron todo lo que había experimentado hasta aquel momento. Rudolf Steiner (creador de ese sistema educativo) fue un visionario que entendió lo que hemos estado diciendo, de que todo es uno, todo vibra y es sonido. Y concibió la euritmia, como movimiento corporal armónico utilizando la palabra y la música: las vocales tienen un papel importantísimo y sabemos que son las vocales las que transmiten los armónicos de la voz. A pesar de haber sido tres años en mi infancia, aquello ha tenido un efecto que ha repercutido durante toda mi vida.

T.M.: Y como Michele, ¿fuiste cantante rockero en tu juventud?

N.: Entre los seis y los treinta años no canté, con excepción de un año en la sinagoga cantando los sábados en los servicios, cuando era niño y tenía registro de soprano antes del cambio de mi voz. Luego no quise ni intentar cantar porque había otros que eran mucho "mejores" que yo y no me atrevía a arriesgar. A los 30, y a través de esta diosa que tengo a mi lado, redescubrí el sonido y empecé con el canto y los armónicos.

T.M.: ¿Qué sucedió cuando conociste a este joven que no cantaba, Michele?

M.: He tenido varias parejas en mi vida y me he dado cuenta de que lo que me encantaba o enamoraba, una cosa común que todos tenían, eran sus voces. La de Nestor me movía: tan resonante, tan bella… Pensé que seguramente cantaba y ahí empezó mi misión (risas), fue mi primer conejito de Indias, ¡y funcionó! De pronto lo tenía ahí, en el escenario, cantando armónicos desde el primer día.

T.M.: Así comenzaron un camino compartido…

M.: Nestor captó la idea de los armónicos como un ejercicio simple, sintió que había algo tremendo en ellos. Practicó todo el tiempo y yo empecé a ver que a mí no me salían tan bien, como resultado de que no tengo disciplina. Y el ego subió otra vez; yo era la cantante, y dije "no puede ser", ese era mi trabajo, no el suyo, y que se buscara otro. Empecé con los cursos y en el momento de enseñar los armónicos decía a la gente "vais a oír un sonido muy bello" y me salía algo horroroso por falta de práctica. Entonces, buscaba a Nestor, cuando había nacido nuestra hija pequeña, y lo invitaba a cantar para mis alumnos. Pasaba el tiempo, media hora, y pensaba: "… ¿Pero qué hace este hombre con mi gente?". Y él estaba con una sonrisa, una luz. La gente me veía regresar y por sus caras me daba cuenta de que no les gustaba tanto. Tuve que de dar el paso y admitirlo.

N.: Después de un par de años, aceptó que teníamos que trabajar juntos y además la convencí de que podíamos dedicarnos a vivir de los cursos y las técnicas que habíamos ido aprendiendo. Así en 1998 registramos la Asociación de Terapia del Sonido, la primera en España, y desde 1997 comenzamos con los cursos intensivos de verano, que llamamos "El encantamiento", de nivel internacional, en castellano e inglés. Este año será la edición número 18.

T.M.: Brevemente, una explicación acerca de qué son los cantos armónicos.

M.: Los armónicos son una herramienta fantástica para demostrar que todos pueden sonar bien, porque incluso cuando una persona desafina sus armónicos son bellísimos. Algunos lo dicen: "¡Sí, tengo voz, qué bonito!", "¿soy yo?". Es maravilloso. Estoy muy enganchada a esta experiencia de la gente cuando se da cuenta qué bella es. Reconozco profundamente que la música es pura matemática, pura forma. Cuando una persona canta armónicos se está mostrando a sí misma que es parte de la creación, de esta matemática universal que nos rodea, y se siente bien en todos los aspectos.

N.: Los armónicos son los ladrillos de construcción del sonido. Y para comprenderlo mejor, hagamos una comparación con la luz. Al atravesar un prisma, la luz blanca se muestra en su verdadera naturaleza como un arco iris, es decir, una mezcla de frecuencias que vibran juntas. Con el sonido pasa lo mismo. Al refractar el sonido a través de las herramientas bucales, labios, lengua, etcétera, somos capaces de hacer audibles por primera vez las puras frecuencias de la voz. Estas frecuencias se encuentran en todos los sonidos acústicos, no electrónicos. La guitarra, el monocordio, el piano, el didgeridú, todos tienen armónicos. Además, como el arco iris, los armónicos poseen una estructura, una escalera, conocida como serie, que siempre es la misma para cualquier voz o instrumento. Esta estructura fue descubierta por Pitágoras, que empleó un monocordio, instrumento de una sola cuerda, hace 2.600 años. La aritmética de la serie de armónicos es muy sencilla, divide la cuerda en dos partes iguales, luego en 3, 4, 5, 6… Los armónicos surgen de la misma aritmética.

T.M.: ¿Qué efecto provocan los armónicos en quien los canta?

N.: Primero hay que aprender bien la técnica, y luego, al practicarla, produce un estado de relajación, como un trance, un efecto alterado de conciencia, una meditación muy profunda. Además uno se siente muy conectado, arraigado, enraizado en la tierra. Al tener sostenida una sola voz, fija, uno se ancla con la tierra; luego, cuando los armónicos empiezan a flotar por encima de la voz, la conexión es cósmica. Por mi propia experiencia, me siento totalmente en el centro de todo, conectado con el cosmos y la tierra, resonando armónicamente con el entorno. Es un efecto más potente que los obtenidos con instrumentos occidentales modernos, afinados con escalas sintéticas creadas por el ser humano. Los armónicos poseen la única escala musical originada por el Creador porque está dentro de todo lo que vibra.

T.M.: ¿Un ejercicio práctico que podamos hacer durante el día?

M.: Cada mañana, al levantarte, te mirarás a los ojos en el espejo y dirás tu nombre. Es el sonido más poderoso que te afectará más que cualquier otro. Puede que te encante o no, o que tu nombre tenga una historia detrás que no te guste, pero es igual, en este momento es tu karma. Puedes imaginar lo que hay: traumas, alegría, celebraciones, amor, condicionamientos, juicios… tanto, tanto, que es una caja de Pandora. Recuerdo que hace años, en un programa de radio en Barcelona me pidieron esto mismo y en vez de dar un mantra, propuse decir el nombre propio. El encargado de las llamadas telefónicas de los oyentes comentó que hubo muchísimos mensajes de gente que decía que empezó a reír, otro a llorar, otros estaban enfadados, alegres… Di tu nombre y verás lo que sientes. Es tu firma sonora.

por Aurelio Álvarez Cortez,
Periodista,
editor de
la revista Tú Mismo
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