Sitio web de la revista Tú mismo

Facebook Twitter Youtube



Coctel perfecto | "La gente tiene que salir de las ciudades", afirma Bianca, convencida de la urgencia por el contacto directo con la naturaleza

Vive en una reserva natural, en Lanzarote. Desde allí Bianca Atwell lanza su mensaje de reconectar con la Tierra, utilizando recursos multimediales. El humor también le sirve para transmitir lo que el mundo científico descubre, aunando arte, ciencia y espíritu.

-¿Cómo llegas a este momento, creando un puente entre arte, ciencia y conciencia?

-Es el reflejo de un proceso interior. Cuando era una niña, a mi padre le encantaba la ciencia y me llevaba a la Asociación Amigos de la Astronomía, en Palermo (Buenos Aires), para mirar las estrellas con los telescopios. También yo disfrutaba con el juego de física y química, que venía en una caja… pero nunca he estudiado ciencia. Sin embargo, en mi búsqueda personal del autoconocimiento ella siempre ha estado presente. La ciencia dice “esto es así hasta que se demuestre lo contrario”, dejando la puerta abierta para seguir investigando, una y otra vez, empujando hacia adelante en la búsqueda; en cambio, la religión dice “esto es así, y punto”. Por lo tanto yo descarté la pesquisa del conocimiento a través de las religiones porque éstas me limitaban, mientras que la ciencia estimula mi espíritu de aventura. Por otro lado, soy hija de artista, mi madre era cantante de ópera, y el arte ha sido parte absolutamente natural en mi vida. Es lógico que cualquier actividad la haga de forma artística.

-¿Y la conciencia?

-Yo he perdido la conciencia (risas). En un momento de mi vida me fui “pa’ otro lao”, entonces tuve que hacer todo un trabajo interno para regresar y por ahí entré en el mundo de la conciencia. Cuando tenía trece, catorce años, viví un tiempo en la calle hasta que me rescató la Policía Nacional, en Río de Janeiro. Mi madre había caído poco antes en una grave depresión y mi casa se había convertido en un infierno. Por eso me escapé, empecé a viajar y terminé en Brasil. Había tocado fondo. Hoy veo aquellas experiencias como muy buenas, a pesar de que no se las deseo a nadie. El hambre me enseñó qué es vivir el presente, a colocarme en el ahora, me mostró el instinto animal que nos mueve. El hambre anula la educación, la moral, y se activa el cazador que hay dentro de nosotros. Con tal de comer, eres capaz de robar y hasta de matar. Lo que está activado es nuestro cerebro primitivo. Una de las cosas aprendidas por aquel tiempo es la diferencia entre estar en el presente, centrado y alerta, y estar como autómata en el pasado o el futuro, pero no aquí.

-¿Qué te abrió camino hacia la salida de esa difícil situación?

-El amor. Yo no sabía qué era el amor porque en la niñez no tuve muchas oportunidades de recibirlo. En la calle se vive mucha violencia y miedo, lo contrario del amor. Pero luego tuve la posibilidad de que el amor me tocara, mejor dicho, despertase porque todos lo llevamos dentro, y eso me fue sanando. Empecé a quererme, a pesar de todo. Actualmente, a través del arte y la ciencia, cuento mi experiencia por la vida, y a algunos les resuena como campanas, creando una especie de oscilador armónico entre la gente y yo, y entre ellos mismos, moviendo una energía que me ha llegado y que transmito a través de los eventos en los que participo.

-Vives en Lanzarote, y adviertes de las diferencias entre el ambiente natural y el urbano.
-Totalmente. La gente tiene que salir de las ciudades, y lo digo de una forma muy fundamentada, no sólo por mi experiencia. Al estar en contacto directo con la naturaleza, ya que vivo en una reserva natural al lado del mar, mi ser está más equilibrado, más tranquilo y feliz. Cuando viajo por trabajo observo la desconexión con la energía. En las ciudades existen demasiados estímulos que quitan la atención de uno mismo, con lo cual se dispersa nuestra energía, porque adonde va nuestra atención, va nuestra energía. En la naturaleza nos cargamos de energía y se debe a que la Tierra dentro de su constitución física, geológica, tiene una cavidad de resonancia donde las partículas vibran entre 7,8 y 45 ciclos por segundo, llamada resonancia Schumann. Los humanos vivimos dentro de esta cavidad y nuestra glándula pineal armoniza con las frecuencias que envía la Tierra a toda la biomasa (seres vivos) para sincronizarnos con su ritmo, porque ella a su vez está bailando el ritmo cósmico. Nuestro planeta está sometido a la dinámica del Sistema Solar, influido en particular por la actividad del Sol. De modo que esa cavidad de resonancia regula nuestros ciclos circadianos, periodos de sueño y vigilia, los ritmos vitales, a través de la glándula pineal.

En las áreas rurales, el campo, no hay insomnio, todo el mundo duerme bien, tampoco se producen casos de depresión. En cambio, en las ciudades, con las emisiones electromagnéticas originadas por nosotros, alteramos las frecuencias de la Tierra y los ritmos circadianos. En las ciudades vamos fuera de ritmo. El cemento, las microondas, alteran las frecuencias naturales.

-Define tu trabajo.

-Soy una artista que divulgo ciencia a través de la música, vídeos, animaciones en 3D, explicando fenómenos naturales que influyen en la salud. Mi trabajo sirve para que descubrimientos científicos importantes lleguen a la gente y sean entendidos. ¿Por qué? Algunos hombres de ciencia tienen dificultades al transmitir qué están haciendo, sus descubrimientos, y muchos de esos conocimientos tienen una aplicación práctica en la vida cotidiana. Entonces intento rescatar esas herramientas, sobre todo me especializo en encontrar formas de ser feliz. Y es que me he dado cuenta de que a nivel biológico, cuando estamos felices, curamos. Es decir, la clave está en ser felices, y a pesar de que vivamos cosas terribles podemos lograr la felicidad, constante, en la tranquilidad, regulada por la naturaleza.

-Hay quienes afirman que la ciencia se ha convertido en algo así como una nueva religión, animada por científicos ortodoxos creídos del poder del conocimiento uniforme.

-A pesar de que algunos por su ego intenten convertir la ciencia en una religión, la ciencia jamás dice que tiene la verdad. El 90 por ciento de lo que hacemos en el día está controlado por una conciencia a la que no tenemos acceso comúnmente: el latido del corazón, la respiración, la creación de proteínas, incluso nuestras decisiones están supeditadas al estado del sol, al clima… La conciencia puede intervenir, como un piloto que coge el mando del cuerpo, y no es algo mágico sino otro nivel de percepción de la realidad.

Recordemos que la ciencia se basa en hipótesis, no en conclusiones. No hay nada seguro, sólo teorías. Así nos induce a intentar la experiencia. Masaru Emoto experimentó con moléculas de agua y se dio cuenta de que el pensamiento influye en la estructura de esas moléculas, de modo que provocó que otros comprobaran si es cierto o no.

-Algo que no ha ocurrido todavía, pero de lo que mucho se habla, es qué pasará en 2012. ¿Qué piensas que sucederá?

-Primero pensé “qué película lanzará Hollywood sobre este tema” porque es una tentación para hacer negocios o también para generar una idea que cambie la conducta humana. Luego, hablando con mayas quiché, como Alejandro Oxlaj, me dijeron que ellos saben que habrá un cambio de ciclo, pero su calendario no tiene ninguna relación con el nuestro e ignoran si aquello coincide realmente con el 2012. Por último, es cierto que 2012 coincide con un ciclo solar importante y otro cósmico. El agujero negro de nuestra Vía Láctea expulsa periódicamente energía en forma de rayos equis y gamma, y materia prima de formación de estrellas, astros, asteroides, nuevos. La última explosión se ha producido hace 26 mil años, cuya materia nos está llegando ahora, con lo cual este parto galáctico ha producido cambios en el sistema solar. Todos los planetas han sufrido transformaciones a nivel atmosférico, y la Tierra está adaptándose a su medio ambiente.

-Tu consejo es “huyan de las ciudades y vayan a la naturaleza”.

-Sí, váyanse ya, si pueden… El plasma que llega del Sol, esa energía, interactúa con los campos electromagnéticos terrestres y puede bloquear todos los sistemas de comunicación, los satélites. Los aviones no podrían volar, los barcos navegar, no funcionarían los móviles, no tendríamos Internet, tampoco habría electricidad. Es decir que lo primero que colapsaría con un fenómeno solar importante serían las ciudades. Un caos. Nadie puede asegurar qué ocurrirá con el Sol durante este máximo de actividad, es impredecible. Sin embargo, podemos decir que será un fenómeno muy potente y coincide justo con el 2012.

-En tus presentaciones despiertas conciencias…

-No lo creo así. A mí me gustaría quedarme en casa; a pesar de que parezco muy sociable, soy muy solitaria. Pero hay algo que me lleva, me empuja y me mete en unos líos… (risas). Y cuando estoy “en el baile”, mejor “bailemos”. No hay nada que pueda hacer para impedir que esto suceda. En cada persona veo un dios, en el sentido de que lo tiene todo. Tiene todo el poder. Es increíble el poder que posee el ser humano, lo mismo que los animales, las plantas…, somos diseñados para crear, tal y como lo prueban los últimos descubrimientos de la etología (estudia el comportamiento animal). La neurofisiología vegetal ha visto cómo los vegetales tienen sistema nervioso, piensan, manipulan al medio ambiente ¡y a los humanos nos usan! Todos los seres hemos sido dotados de un poder maravilloso, incluso aquella persona que esté en una situación tremenda. En quien vaga por la calle veo el potencial que tiene para ser feliz, lo miro con esperanza. Veo momentos, como los del átomo, que está en onda o en partícula, y las personas son como átomos, digo “bueno, ya se pondrán en onda”.

-Tú dices que una forma en que las personas “se ponen en onda” es la música.

-En el universo no hay otra cosa que energía, vibrando en diferentes frecuencias o velocidades. Un cristal es un pedacito de energía podría estar vibrando a 35 mil herzios por segundo, un pedazo de papel, a 40 mil herzios. Todo vibra, el sonido es vibración. Por otra parte, conocemos el yin y el yang, fuerzas que los científicos llaman entropía y neguentropía, respectivamente. Entropía es caos, destrucción, y neguentropía, armonía, creación. Parece que la vida tira para el lado de la armonía, y lo que destruye, hacia el caos; vivimos en el equilibrio de estas dos fuerzas. Los instrumentos y la voz humana son una herramienta que produce armonía y empuja a que todo lo vivo se desarrolle más y mejor. Por tanto, si hay una energía negativa, una enfermedad, la música puede hacer que esas partículas que vibran caóticamente se ordenen, armonicen y surja la salud. Es así que se va constatando cómo las terapias a través de la música, con instrumentos musicales, sonidos, son muy efectivas.

-No toda la música.

-Hay música que es ruido. Un principio dice que si la música es armónica, es buena; si es inarmónica, intoxica. Y el volumen tiene mucho que ver. En volumen alto una música se vuelve tóxica.

-¿Tus próximos pasos?

-En septiembre volveré a Hellín, Albacete, para participar de unas jornadas que son mágicas, que se hacen desde el corazón, con capacidad para 350 personas. En mi página web hay información sobre este evento que empezaron el año pasado (en abril y septiembre) y continúan. Allí se viven situaciones muy bonitas de unidad y amor entre las personas.