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Medicina energética | "Debemos comprender lo que somos
realmente, y para ello la meditación es fundamental”, asegura Martínez Soriano

Estamos en un proceso de cambio en el que algunos profesionales empiezan a descubrir que hay mucho más que la aplicación de la medicina convencional, invadida por la tecnología. Lo afirma Francisco Martínez Soriano, un científico que pone en valor al Reiki y destaca la fuerza del amor

-¿En qué momento nos encontramos, Francisco, en cuanto al acercamiento de la medicina cartesiana, por decirlo de alguna forma, y otra cuyas raíces son más antiguas e integran cuerpo, mente y espíritu?

-Diría que en un momento de transición en el que todavía predomina la medicina “convencional” y que estamos empezando a transformar. Hay algunas personas, cuyo número aumenta cada vez más dentro de la propia profesión médica, que comienzan a tener en cuenta otros aspectos, lo que se ha dado en llamar medicina cuántica. En ella se considera al ser humano como una globalidad, conectado energéticamente con el entorno. Esto realmente no es nuevo. Años atrás, en mis inicios de la carrera como estudiante, y quizá fue lo que más me apasionó en verdad, la medicina estaba muy próxima al ser humano como totalidad. El médico formaba parte de la propia familia del paciente, integrado en su problemática emocional, social; por lo tanto el médico no lo consideraba como una patología, sino como un ser humano. Bajo ese punto de vista, la medicina tenía menos tecnología que ahora, pero el apoyo psico-emocional ayudaba mucho al éxito terapéutico, y en un sentido general, el paciente estaba mucho más reconfortado y eso ayudaba a mejorar su estado inmunitario y, por lo tanto, la evolución de su patología. Eso se ha ido perdiendo porque la tecnología ha ido avanzando mucho, invadiendo la medicina, y no sólo la tecnología mecánica sino sobre todo la bioquímica.

Ahora se tiende a tratar el síntoma, no la causa emocional que en muchos casos lo desencadena. Todo ello ha significado la pérdida de valores humanos de relación, tan fundamentales en el tratamiento del enfermo. Actualmente nos hallamos en un proceso de cambio por parte de muchos profesionales que empiezan a relacionarse más directamente con el paciente y a ver más allá de lo que es la medicina puramente aplicativa.

-¿Cómo debería ser la utilización de la tecnología en medicina?

-Habría que reconducir su aplicación. Qué duda cabe que es importante ya que permite realizar mejores diagnósticos, o hacer tratamientos en determinadas condiciones que son beneficiosos. Pero hay que emplearla cuando es imprescindible, sin descuidar algunos aspectos que pueden hacernos evitar llegar a las aplicaciones de esas tecnologías, potencialmente nocivas en algún momento. La tecnología mecánica es de la menos nociva, la terapia bioquímica es la que verdaderamente es perjudicial porque tiene efectos secundarios incontrolables puesto que no actúa específicamente en una zona sino globalmente, afectando a todo el organismo. Lo vemos en tratamientos contra el cáncer, aunque hoy, dentro de la filosofía actual de vida, otro tipo de tratamiento es complicado porque en él va implícita la filosofía global del individuo con relación a sí mismo y a su entorno, lo que a su vez determina que la génesis de los tumores tenga un carácter multifactorial.

-La población a nivel general da señales inequívocas de que ha cambiado su conducta ante determinados hechos. Buscan tratamientos no convencionales para sus problemas de salud, rechazan lo sucedido en torno a la gripe A, etcétera. ¿Qué sucede?

-Estamos asistiendo a un cambio de conciencia que ha empezado muy despacio y ahora, cada vez más, va de prisa. Lo vemos en política, con cambios en ciertos países que antes eran impensables. Una toma de conciencia de que no podemos estar condicionados a una serie de parámetros tan estrictos y cerrados. Cuando una idea o pensamiento empieza a proyectarse y ser captado por más personas, y se va expandiendo cada vez más, toma el impulso de una ola colectiva que es imparable. Es lo que está sucediendo y lo favorece mucho los medios de comunicación, las redes sociales, qué duda cabe, con los que se pueden transmitir de modo más fácil.

-Tal vez hayamos llegado a conformar esa masa crítica de la que se habla para producir grandes transformaciones.

-Siempre hago referencia a un experimento realizado hace algunos años atrás en unas islas del Pacífico. Un grupo de monos aislados habían hecho un aprendizaje determinado y a las pocas semanas este nuevo comportamiento comenzó a desarrollarse en otras poblaciones de monos más alejadas y que no habían sido sometidas a ese aprendizaje. Hay una proyección mental de las cosas que puede ser captada por otros colectivos más distantes. Eso es lo que está pasando ahora mismo en la humanidad.

-¿Con el aumento en el promedio de vida del ser humano se ha conseguido también calidad de vida?

-Falta añadir un factor de calidad, la gente vive más años pero desgraciadamente no con condiciones físicas y psíquicas adecuadas para disfrutar de ese momento de longevidad. Para llegar a esa calidad hay que cuidarse, respetando unas normas preventivas en cuanto a salud.

Con mejores hábitos y sobre todo con un ritmo de vida menos acelerado y más activo físicamente, porque el gran desgaste de estas personas se debe al gran estrés que han tenido y al sedentarismo, factores que condicionan muchísimo, y no somos conscientes de ello.

-Un decálogo de normas básicas para vivir más saludablemente, con equilibrio emocional, etcétera.

¿Qué diría a una persona para explicarle y que tome conciencia?


-En primer lugar, algo muy difícil por estar en una sociedad como ésta, que no se tome las cosas con angustia o muy en serio. Lo cual implica un cambio drástico de nuestra filosofía sobre lo que es la vida. Tener conciencia de quiénes somos y de por qué estamos aquí, entonces nos daríamos cuenta de que hay mucha intrascendencia en la mayoría de las cosas que hacemos o por las que luchamos. Eso nos desequilibra porque queremos conseguir metas, alcanzar cosas, la mayoría materiales, y nos lleva a la aceleración que llevamos, a la competitividad. Habría que hacer un cambio radical en la vida, ¿para qué vamos a competir?, no tiene sentido, debemos seguir nuestro camino. La base es proyectar amor hacia los demás, lo cual es complicado.

-Qué un médico hable de amor puede parecer… ¿fascinante?

-La medicina, de alguna forma, es amor. El amor es una energía muy poderosa. Noto que personas que vienen a mí para que les haga Reiki, y aclaro que antes yo no lo hacía porque porque estaba lejos de estos temas, gran parte de ellas, no todas, ostensiblemente mejoran porque intento transmitir amor. No sólo canalizo la energía. Al cabo de varias sesiones, personas con conflictos emocionales, por ejemplo, empiezan a transformarse. Incluso, a lo largo de un cierto tiempo, cambian totalmente.

-¿El Reiki se puede incluir como una herramienta en ese campo de la llamado medicina cuántica?

-El Reiki es medicina energética y se puede llamar también medicina cuántica. Una parte muy concreta o muy polarizada en un momento determinado de esa energía cuántica, al fin y al cabo. El primer texto que leí sobre todo esto era un librito titulado “La mano cuántica”, que no hablaba de Reiki ni nada parecido, sino de la energía actuando a través de las manos, fundamentándose en la física cuántica. Todo lo que somos es cuántico realmente, nuestra base es cuántica. Hasta que no conoces esto, ignoras las capacidades que podemos proyectar para poder sanar a la gente.

-¿Estas transformaciones se pueden medir, cuantificar?

-Ahora mismo recuerdo una persona con fiebre reumática, con una serie de datos analíticos, y al cabo de unos meses de aplicación de Reiki la analítica se normalizó.

-¿Este resultado se logró aplicando sólo Reiki o con otro tratamiento convencional?

-En este caso, en un momento determinado, se dejó la medicación y únicamente se hizo Reiki. De todas formas, la cuestión es que yo no hago nada, sino simplemente canalizar una energía. Entonces es el receptor quien se sana a sí mismo. Quien es receptivo de esa energía que le está llegando, y porque sabe lo que le pasa, aunque no sea consciente de ello, utiliza esa energía para sanarse.

-La misma persona que enferma es quien se cura a sí misma. En lugar de delegar el poder de la curación en otro, hay que descubrirlo en uno mismo…

-Pero tenemos que convencernos de ello, que es el gran problema que tenemos la mayoría. Aun en el grupo social que lo admite intelectualmente, muchos no lo creen en la práctica. Yo invito a perder el temor y a atreverse. Y también a ser cauto ya que debemos conocer la psicología de cada paciente y ver si realmente esta medicina cuántica será suficiente para sanar su patología, sobre todo si es grave, como un tumor, por ejemplo. No se puede eliminar, por tanto, de manera drástica y radical otro tipo de tratamiento en estos casos. El “desprestigio” sufrido en este tipo de terapias es quizá por esta razón. Hay que analizar caso por caso y no generalizar.

-¿Qué prácticas se incluyen en la medicina cuántica que un terapeuta debe contar en su formación?

-Lo fundamental es tener un conocimiento de cómo funciona el ser humano, bajo el punto de vista de la anátomo-fisiología y de la energía que mueve a esa anatomía y fisiología, y también especialmente sobre la administración de sustancias, que éstas sean lo menos agresivas posibles en el caso de la medicina convencional. Eliminar todo tipo de fármaco que posea efectos agresivos, como puede ser el paracetamol, que tanto se usa. ¡Cuidado con este elemento tan habitual en el consumo para tratar dolor de cabeza, y otros tantos! Debe sustituirse esta farmacología, o combinarla, con sustancias de origen vegetal, sin olvidar que éstas también pueden tener contraindicaciones. Por otra parte, aunque no soy homeópata, creo básicamente en la homeopatía porque sus principios forman parte de la medicina cuántica. Trata con energía infinitesimal y se apoya en el mismo principio de las vacunas convencionales. Las vacunas, pienso, han sido cuestionadas por el efecto de sus excipientes, pero ellas no son, ni más ni menos, que homeopatía ya que es la utilización del mismo agente patógeno, atenuado, para que estimule la inmunidad. Como hace la medicina cuántica: no tratar el síntoma sino la base de la enfermedad.

-Una tendencia en medicina, a través de una de sus especialidades, es lograr la eterna juventud, los tratamientos antiedad. ¿Qué opina de ello?

-Es un error porque volvemos al punto de qué es la vida. La vida es una aventura, un camino en el cual nos vamos desgastando. Como contrapartida al desgaste físico se produce un enriquecimiento en valores de tipo psico-espiritual, que son los que hemos venido a aprender. Hay que advertir del hedonismo que lleva consigo la juventud y no despreciar lo otro.

-Y para sostenernos en esa meseta de los años dorados, ¿qué debemos hacer?

-La base siempre es la misma: comprender lo que somos realmente, y para ello la meditación es fundamental. Para mí ha sido muy valiosa. Comer sano, hacer ejercicio sin excesos y que no produzca estrés físico. Yo aconsejo siempre todo… con moderación.

-¿Y con humor?

-Fundamental el humor. Ver las cosas con positividad y recordar que en verdad estamos aquí para divertirnos, aprender divirtiéndonos. No amargarnos, y para eso hay que desmaterializarse.