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El abecé del amor | "No hay nada que esté exento de la esperanza de cambio y mejora", recuerda Rosa María Wynn

Es la traductora del libro “Un Curso de Milagros” al castellano. Antes de su viaje para impartir una serie de seminarios en España, dialogamos con Rosa María Wynn para conocer sus experiencias y pensamientos

-¿En tiempos tan críticos, en un mundo que no es el que algunos hemos conocido al nacer, parece que sólo podemos esperar un milagro. ¿Qué es para ti un milagro?

-Un milagro es un suceso que viola completamente las leyes de la física, pero Un Curso de Milagros también dice que cuando una persona está dispuesta a querer ver algo con otros ojos, desde otro punto de vista, a cambiar de parecer con respecto a alguna cosa…eso también es un milagro. Pero esto tiene que nacer del aprendiz, del estudiante. Nadie, ni Dios Mismo puede hacernos cambiar de parecer. Algo en nosotros tiene que querer este cambio, y eso en sí ¡es un milagro!

-¿Qué papel juega la mente en este aspecto?

-No tenemos idea de lo poderosa que es nuestra mente, caso contrario estableceríamos una vigilancia absoluta de los pensamientos que anidamos en nuestra mente. Todo pensamiento en nuestra mente produce forma en algún nivel. Yo llevaba casi diez años estudiando el Curso antes de que me hiciera la pregunta que tú me haces, “qué es el milagro”. El Curso afirma que nosotros no podemos entender qué es. De hecho, llegar a concebir la realidad del milagro es el logro de aprendizaje más grande porque has concebido que algo que no entiendes ni sabes lo que es, es real. Una vez que concibes la realidad de algo, queda instalado en tu mente para siempre. Es con tu mente con la que “opera” el Espíritu. De hecho, el que puedas pensar es lo que usa el Espíritu para guiarte a tu liberación.

-¿Cómo defines Un Curso de Milagros?


-A menudo digo que es el “ABC” del amor… pero se podría decir que es un sistema de pensamiento; una propuesta a una manera de pensar que va en contra del pensamiento vigente en la condición de separación en la que vivimos. El Curso insiste en que somos un solo Ser y el medio que ofrece como enseñanza central es el perdón. Paradójicamente, nos dice que nosotros no podemos perdonar y tú te quedas desorientado preguntándote “pero cómo es que no podemos perdonar”. La respuesta es que el perdón es una ilusión, pues realmente nadie nos ha hecho nada porque todo aquí es una ilusión. Pero aunque el perdón es una ilusión, es la única que no se opone a la verdad. El Curso te insta a querer ver las cosas con los ojos del Amor, pero tú tienes que dar tu consentimiento, pues esto no se te puede imponer. El Curso nos inspira a pensar desde el paradigma de que somos un solo Ser y, por ende, a actuar en congruencia con esa premisa.

-En España muchos se han quedado sin trabajo. ¿Qué dirías para explicar que el Curso es también una herramienta eficaz para superar este momento? ¿Cuál es la aplicación práctica en esta situación?

-Todo comienza en la mente. La gira que empiezo en Valencia se llama “La Eterna Esperanza”, bajo un eslogan que afirma que en tiempos inciertos es muy fácil perder las esperanzas, sin embargo, que no hay nada que esté exento de la esperanza de cambio y mejora. Cuando estamos en una situación difícil, estamos convencidos de que esa situación es real e inalterable, por lo tanto, muy pocos están dispuestos a cambiar de parecer con respecto a la realidad y permanencia de ello, y así, son muy pocos los que estarían dispuestos a cambiar su mente al respecto. Pero sucede que, al encontrarnos seguros de que no hay solución, sostenemos esa realidad. La aplicación práctica del Curso debe comenzar entonces en la mente, y la única manera de hacer ese cambio es ser inspirado a querer ver esta situación con otros ojos. Y todos tenemos ese poder… aunque es cierto que lo que está pasando en todo el país, e incluso gran parte del mundo, nos afecta a todos, incluso a mí. No obstante, yo he asumido la postura de no dejar que nada ni nadie me quite la paz.

-Entonces, ¿qué hacemos?

-En mi libro digo que lo más importante es tomar una decisión. Sin embargo, para quien está hundido lo que le sucede es tan real que le resulta prácticamente imposible ver más allá. Todos padecemos “la misma enfermedad”. Yo perdí mi casa, todo, por llevar Un Curso de Milagros a gran parte del mundo hispano hablante. Lloraba, pero una voz me decía que debía sostener la fe, en contra de lo que estaba viviendo en lo concreto, hasta que di el salto. Una persona que ahora mismo se encuentra en una circunstancia crítica es la que más necesita ponerse en una situación en la que pueda ser inspirada para darse cuenta de que puede ver su situación con otros ojos, de que hay algo más para ella. Insisto en lo mismo: todo comienza con una decisión, no hay nada más poderoso que una decisión. Cuando una persona es inspirada, retoma las riendas de su vida, reconoce el poder que está en ella sólo porque es hija de Eso que lo es Todo. A quien esté en una situación dura puedo decir todo esto con autoridad, porque lo he vivido en carne propia, y que, como muy bien nos dice el Curso, no hay nada que esté exento de la esperanza de cambio y mejora. Yo sé que los milagros existen, que lo que está en nuestra mente lo sostenemos y que aquello de lo que estoy convencida, lo manifiesto. Por la física cuántica se sabe, a través de tantos experimentos, que lo que se halla en nuestra mente lo producimos. Todos hemos condenado, atacado, cedido ante la codicia, elegido por nuestros intereses. Somos responsables de lo que está ocurriendo.

-El título de “La Eterna Esperanza”, ¿a qué se refiere?

-Lo más triste que le puede suceder a un ser humano es perder la esperanza, de lo que sea… Cuando uno tiene esperanza no hay nada que no pueda hacer. En la condición de desesperanzados estamos contribuyendo a mantener la misma condición que nos llevó a la desesperanza. Es un círculo vicioso.

-¿Cómo se crea un círculo virtuoso?

-En Argentina, una mujer muy acomodada, preciosa, con una familia bella, no tenía motivo para estar en la depresión en que se encontraba. Tomaba medicamentos y seguía tratamientos médicos sin resultados, cuando una amiga se le acercó con una cinta mía, del último seminario realizado en Buenos Aires, y le dijo que la escuchara. A los 15 minutos de estar oyendo, dijo “¡esto es!”, e hizo un cambio radical. ¿Qué pasó? Esa cinta la inspiró.

Nuestro Ser, lo que somos, es puro espíritu. Luego inventamos un personaje a través del cual vivimos aquí. Nuestra mente no está en el cuerpo, no es algo sólido, aunque creemos que somos un cuerpo y que estamos en él. Sin embargo, solo somos espíritu, pero nos hemos identificado con el cuerpo, mas esto no borra ni elimina lo que somos. Esa mujer escuchó algo que despertó lo que ella es, que estaba ahí dormido. Lo único que puede ser inspirado es aquello que no es tu cerebro, sino tu mente, que no tiene límites, bordes. Tú y yo estamos hablando, ¿dónde estamos escuchando esta comunicación? No tiene nada que ver con el cuerpo, con los oídos, sino que estamos conectando en ese plano donde todos somos uno. La inspiración sucede en la mente, en el espíritu.

Estamos en un enredo mental porque nos creemos separados de nuestra Fuente y, por ende, unos de otros. Queremos resolver los problemas que surgen a raíz de la separación, cuando no podemos solucionar nada a nivel de los efectos. Hay que sanar ese concepto de separación; incluso la idea que tenemos sobre el tiempo es una programación. Aquí hay mucho más de lo que imaginamos. Como decía Don Juan, esto es un misterio, queremos conocer las cosas trascendentales desde el paradigma de lo concreto y limitado, por eso nunca lo entenderemos, como tampoco comprenderemos el milagro.

-¿En qué circunstancias conociste a Carlos Castaneda?

-Vine a San Francisco, California, buscándolo, pues me atraía el personaje de Don Juan. Después de varios años, en los que me involucré en otras corrientes del desarrollo personal humano, y luego el Curso, me llegó una invitación para ver a Carlos Castaneda un día en que yo tenía una reunión con un grupo de “guerreros”, gente con la que realizo este tipo de trabajo de sanar nuestra mente para no percibir el mundo que, creemos, existe. Y no asistí. Pero a los tres meses volvió y pude ir. Lo tuve al lado mío, lo vi; era delgado, bajito… No importa si fueron fantasías lo que contó sobre Don Juan, pero lo que escribió cambió mi vida. Siento que soy una guerrera, una aprendiz, en ese sentido, que encontró “su camino con corazón”, el Curso. Un guerrero, un aprendiz, aspira a vivir siendo congruente con su declarada meta, tomar decisiones en función de ello, en mi caso es el logro de la paz, y esa congruencia lo lleva a ser un guerrero, un aprendiz, impecable.

-¿A qué se debe este objetivo tuyo?

-En la condición de separación en la que estamos rige el conflicto, pero no nos damos cuenta. Si vemos una película, su guión debe tener un conflicto, caso contrario no hay película. No podemos recordar quién somos en el conflicto. Entonces, la paz es mi meta, y sé que finalmente todos querrán alcanzarla. La paz es dicha. El Curso habla de la impecabilidad refiriéndose al hecho de que quién somos no pudo jamás haber pecado, como se nos ha enseñado. Por ello el Curso es revolucionario en el sentido de que, aunque emplea un lenguaje estrictamente cristiano, es realmente física cuántica “con corazón”, y aborda temas de carácter universal. Nos lleva a pensar, y por ende a actuar, desde la premisa de que somos amor y somos uno. El verdadero cambio se ve en los actos, no en lo que digamos. La primera decisión mía fue que iba a dejar de juzgar. Me di cuenta entonces de que mi mente era como una fotocopiadora súper veloz, que no paraba de emitir juicios. Estamos juzgando y condenando todo el tiempo, y ese es el mundo que vemos, y luego creemos que no tenemos nada que ver con él. Pero todo ello se debe a la creencia en la separación.

Lo que es más, no nos damos cuenta de que lo que proyectamos es la idea de separación en sí, y aunque muchos creen haber entendido que todos somos Uno, cuando alguien les debe cien euros, se olvidan de esta idea. Tal como eres con otros es lo que denota lo que tú realmente crees acerca de ti. Mientras te creas un ser separado, tu comportamiento con otros será desde el egocentrismo; elegirás entre los intereses propios y los ajenos, y bajo esta premisa elegirás los tuyos. Ésta es la base de todos nuestros conflictos, personales, comunitarios, y entre países; todos peleando por sus supuestos intereses individuales. Sin embargo, realmente somos un Ser, y lo que te afecte a ti también me afectará. Requiere un milagro cambiar esta creencia de que estamos separados. Pero tenemos derecho y acceso a ese milagro.

-¿En tu libro “El Aprendiz Impecable” qué intentas comunicar al lector? ¿Es un manual para entender el Curso, un compendio de experiencias de tu trabajo…?

-Es todo eso. Cuando decidí escribir el libro, quería que fuese una guía, una explicación de lo que supone ser un aprendiz que aspira ser un aprendiz impecable. Ofrezco muchos ejemplos de la vida cotidiana, como en mis seminarios, porque lo que se vive aquí es lo que enseña. Lo escribí en tres semanas mas tardé tres meses en pulirlo. Quiero que sirva de inspiración porque no hay nada más que un maestro o un libro pueda dar. Es un libro que te recuerda que quien tú eres, sigue siendo tal como el Amor creó. Si somos eternos, como nos asegura el Curso, nada puede alterar o modificar lo que somos. Y nuestros atributos siguen activos y vivos en nosotros. El aprendiz impecable actúa con la intención de ser congruente con su meta. El propósito del libro es servir de inspiración. Es mi deseo que mucha gente se dé cuenta de su propia grandeza y que brille en lo alto para que otros vean su luz y la reconozcan como la suya propia, y a su vez también brillen. Se necesita un cierto número de nosotros que cambie de mente para percibir otra cosa en este mundo.

-¿El 2012 es clave en lo que tú estás diciendo? ¿Será crucial para alcanzar esa masa crítica que mencionas?

-Todo lo que pasa aquí se puede usar para los propósitos del Espíritu. Por lo tanto, empleo esta movida con el 2012 como una guerrera. Vamos a contar con que muchos de nosotros reconozcamos que hemos estado equivocados, superando la arrogancia personal, y nos demos cuenta de que esto sólo nos hace sentir infelices. Se necesita una masa crítica porque estamos en una condición de “más y menos”, un cierto número de personas abiertas al milagro. Lo único que puede sanar nuestra mente, este virus como digo yo, que se adentró en nuestra mente, es el milagro.

-¿Qué nos encontraremos en tu seminario, en Valencia?

-Cada seminario que doy es único, es un espacio que se crea y que te permite examinar cosas que de otro modo tú no harías. Por ende, puedes tener momentos de “eureka” en que puedes ver algo. En un seminario que impartí en Valencia hace años asistió un hombre enviado por un psicólogo que nunca había estado en mis seminarios. El hombre tenía ganas de suicidarse, era ateo… ¡y en el seminario hablamos de Dios y del Espíritu! Yo también fui atea, no creía ni podía amar a un Dios que castigara y nos enviara al infierno. El Dios que he llegado a amar es el Amor mismo. Lo que la gente puede esperar de mi seminario es salir de allí inspirada, para dar el paso siguiente, recobrar la esperanza porque, repito, perderla es lo más duro en la vida. Si tú te llenas de esperanzas se limpian las telarañas y empiezan los contactos que finalmente harán que te estén buscando para un trabajo. Los milagros empiezan a darse, pero es necesaria una mente despejada, que ha reconocido sus culpas, reconociendo lo que hemos hecho a otros. Tanto el libro como mis seminarios no son sustitutos de Un Curso de Milagros, por supuesto. El Curso dice de sí mismo que es uno entre muchos caminos, no el único, y esto fue una de las cosas que me enganchó. Personalmente, creo que es lo mejor que hay, por mi experiencia, pero el Curso no me apoya en eso.

Mi deseo es que la gente vea la vida con otros ojos, que pueda perdonarse por sus propios errores, perdonando a otros. Yo lo he hecho, obteniendo compasión por mí misma. Muchas personas me han comentado a lo largo de los años que para ellos el seminario fue un antes y un después en sus vidas. Obviamente, esto me hace muy feliz y me anima a seguir adelante.

Aurelio Álvarez Cortez