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Conexión infinita | "Aquello a lo que te apegas será lo que más
te cause sufrimiento", advierte Sharon Koenig

Discípula de líderes espirituales, organizadora de eventos inspiradores para quienes están en la búsqueda interior, y responsable de programas radiofónicos y televisivos, Sharon M. Koenig publica su primer libro, “Los ciclos del alma”, en el que explica los pasos de lo que llama Proceso de Conexión

-¿Cómo definirías tu libro, “Los ciclos del alma”, Sharon?

-Es una guía práctica para el alma, un manual para encontrar nuestro verdadero propósito en este momento de transición tan importante en nuestro planeta. Todos hablamos del gran ciclo de cambio que estamos experimentando, tanto en la medicina, como en la educación y en la banca… El libro entonces es una invitación a que retomemos, cada uno, el propósito que nos toca vivir en este momento crucial, por medio de la conexión con la divinidad, esa energía infinita que yo llamo Dios.

He trabajado varias técnicas en distintas etapas de mi vida, tratando de encontrar la paz interior: he tratado desde la Ley de Atracción hasta la “Ley de Distracción” (risas); también he tenido la dicha de estudiar diferentes filosofías y técnicas como meditaciones mantras y yoga, junto a chamanes, budistas, y otros excelentes maestros de varias religiones. Entonces, no lo sabía, pero mi objetivo era obtener la felicidad por medio de algo exterior, a través de fuentes externas, como el reconocimiento, el amor de una pareja o la riqueza material. Todos tenemos derecho a querer lo mejor, pero en mi caso no me daba cuenta de que las cosas que tanto deseaba eran impermanentes. Una vez perdía alguna de esas cosas, también se iba mi supuesta felicidad.

-Antes habías tenido un buen pasar económico y aun así te faltaba esa conexión.

-Sí, tenía todo, pero llegó el momento de plantearme: si ya lo tengo todo “por qué entonces me siento tan miserable”… Estaba desesperada ya que descubrí que no había nada “allí afuera” que me diera una felicidad duradera.

Con aquellas técnicas y prácticas aprendí a conocerme a mí misma; los pensamientos con los budistas, las emociones con los hindúes, la devoción con el cristianismo, el amor a la naturaleza con los indios nativos, el sentimiento de unidad y la igualdad entre hombres y mujeres con los baháis… Al mismo tiempo trabajaba con personas en situación de crisis para ayudarlas a encontrar un poco de paz en sus retos. Observé en las personas que ayudaba y en mí misma, que cuando tocamos fondo, al ver que no podemos controlar nada, buscamos desesperadamente esa conexión divina. Cuando decimos: me doy por vencido, Dios “toma las riendas”, es entonces cuando se produce naturalmente una entrega personal y ocurren los milagros.

Un día pensé: “pero, ¿qué sucedería si yo, antes de que ocurra una crisis, realizo voluntariamente esa entrega?”. La lección no era nueva, casi todas las religiones hablan de la entrega a la voluntad divina, pero esta vez, había hallado una forma fácil para hacerlo, una secuencia en pocos pasos Finalmente, empecé a practicarlo con mucha cautela, pues tenía miedo de perderlo todo, esto se debía a la errónea percepción de un Dios castigador.

-¿Puede ser que temamos perder el poco control de las cosas que creemos poseer?

-Aquello a lo que te apegas, eso que no quieres dejar ir porque piensas que es tu única fuente de placer o seguridad, será lo que más te cause sufrimiento.

Tu plan de vida no es solo tuyo, es parte de un gran plan, debes estar en armonía con el resto de los otros planes humanos. Sin embargo, nos comportamos como si estuviéramos solos en el planeta. Toda célula tiene su propio plan colectivo, su labor protegiendo el cuerpo que habita, de no hacerlo se comportarían como las células cancerosas que terminan por matar el propio medio donde viven.

Cuando empecé a hacer la conexión diaria, al estar dispuesta a cumplir mi plan, poco a poco, vi cómo mi miedo a soltar se convirtió en certeza, al ver la hermosa evidencia de un orden mayor a mis propias ideas. Me di cuenta de que la paz que sentía no tenía precio. Y no estoy hablando de tener una experiencia sobrenatural de iluminación o de ver ángeles por todos lados, aunque sí creo que ellos existen. Con los sencillos pasos que presento en el libro; la aceptación, la observación, el agradecimiento, la entrega, el y desprendimiento, encontré la plenitud, la aceptación de que hay un orden y que cuando estoy viviendo un reto es porque forma parte de una lección que necesito aprender. Cuanto más pronto la aprenda, más ‘rápido’ seguiré con mi vida.

La aceptación no es lo mismo que la resignación. Cuando mi madre, quien padece de Alzheimer tuvo un derrame cerebral hace unas semanas, como tengo la conciencia de que existe un orden inteligente, yo dije “gracias, Dios mío, por esta lección, no puedo hacer absolutamente nada para cambiar el resultado de lo que vaya a suceder, pero sí puedo escoger, actuar de la mejor manera y elegir cómo respondo a las emociones que estoy sintiendo”. Sentía tristeza, ansiedad, mil cosas me pasaban por la mente, es algo natural en la vivencia de un ser humano que experimenta una pérdida o un cambio. El problema nace cuando te resistes y te quedas sumido indefinidamente en el sufrimiento y te afliges pensando, “por qué me pasa esto”, “no me lo merezco”. La lucha con el Universo trae sufrimiento al no aceptar que el sentimiento de tristeza es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Las emociones no se pueden controlar, sólo se pueden manejar, al sentirlas, experimentarlas, observarlas y discernirlas. Son parte de la vida. El sufrimiento es otra cosa, es cuando resistes lo sucedido.

Ahora mi madre reside en un lugar donde la cuidan y se encuentra mucho mejor que antes. Hoy actúo, pero no lucho contra aquello que me es imposible cambiar. Lejos de la resignación, se trata de actuar, fluir y elegir; estar alineado al Orden. Muchas veces no resulta ser lo que yo quiero, pero creo que Dios siempre tiene una mejor idea sobre el desenlace de cualquier situación. Finalmente, me doy cuenta de que es así.

-¿De qué modo ocurre esa conexión con la divinidad?

Siempre estamos conectados a la divinidad, no hay forma de no estarlo. Nuestra conexión natural con un orden superior se ha perdido al estar oxidada por el miedo, la ansiedad, por el rencor y la avaricia. Una vez tienes una conexión consciente con Él, puedes sentirlo en cualquier lugar; no depende de dogmas o religión, por ejemplo, yo voy a una iglesia, pero otros irán a una mezquita, a un templo, pero igual puedes hacerlo en el parque, en contacto con la naturaleza. Existen unos pasos específicos que muestro en el libro y que te ayudan a lograr esa conexión, entre los cuales, el principal trata sobre la entrega voluntaria del libre albedrío, que es cuando das el permiso a que la voluntad de Dios trabaje tu situación.

-En España se hizo muy famosa una canción titulada “Sin ti no soy nada”. Ahora, que el empleo ha caído a índices muy bajos, alguien podría parafrasear y pensar que “sin trabajo no soy nadie”. En tu libro hablas en un capítulo de que “no eres lo que haces”.

-Nos encanta identificarnos con el rol de lo que hacemos. En el libro hablo de una mujer anciana que vive en la residencia donde atienden a mi madre; ella había sido juez y aún continuaba intimidando a todos, como cuando era juez, incluso se sentaba sola y daba manotazos en la mesa. Debemos tener cuidado de no confundir lo que somos con el rol que cumplimos. Somos seres espirituales, almas que estamos experimentando y dando servicio a través de la labor que hacemos en un momento determinado, pero no somos lo que hacemos. En el libro hay un capítulo que habla sobre quién eres, pero sería mejor hablar de lo que no eres: no eres tu trabajo, no eres tu cuerpo, no eres tu historia.

Hay una ley del Universo, la Ley de la Compensación, que en algunos casos explica la perdida de empleos y nuestra crisis actual. Muchos de nosotros hemos escogido trabajos que no son los que realmente hemos venido a hacer, pero los hemos tomado por seguridad económica, porque era lo que hacía nuestro papá, o simplemente creyendo que no había otra alternativa. Si estás en un lugar donde tus talentos no son utilizados al máximo, el orden te moverá a una mejor posición, si lo permites. Yo propongo que, si masivamente hemos perdido los empleos, es momento de perder la distracción exterior y mirar hacia nuestro interior. Muchas veces cuando perdemos aquello que pensamos es nuestra fuente de seguridad, tenemos que, por obligación, regresar a nuestra espiritualidad.

No des poder a pensamientos de crisis. Cuando sólo confías y dependes de algo fuera de ti, esto se convierte en tu amo, creando miedo y ansiedad. En cambio cuando confías y estás dispuesto a ser una herramienta para el plan de Dios, Él gestionará todas tus áreas de vida incluyendo la económica, la emocional y la de la salud. En este momento Él, se convierte en el administrador que coloca tu vida en orden. Cuando estás en la conexión, es como si prendieras una luz verde que señala al cielo que estás dispuesto a cumplir tu parte del plan para ti y el resto del mundo. De inmediato se abren puertas que nunca hubieras imaginado, a mí me ha pasado, entre otras cosas con el libro. Comienzas a recibir lo que necesitas, no necesariamente lo que quieres. Mi invitación es no mirar afuera la crisis. Si colectivamente estamos inmersos en la creencia de que no hay lo suficiente para todos, atraeremos lo que no queremos. Coloca tu pensamiento en Dios, en el servicio, en el amor, en el agradecimiento de las cosas que no tienen precio, tu familia, la salud, la naturaleza.

-¿Se acaban los problemas y empiezan las oportunidades cuando te alineas con el plan?

-No se trata de creer que no tendrás más problemas, porque dentro de ese plan te llegarán lecciones, desafíos, pero éstos ya no podrán quitar tu paz , no te quedas en cada prueba sufriendo. Si estás alineado con tu plan, la abundancia comienza a fluir, porque empiezas a dar y automáticamente a recibir.

-¿Y qué pasa con la abundancia y la prosperidad, conceptos muy manidos en estos tiempos de cambio?

-La abundancia es estar feliz y agradecido de lo que tienes, no importa si es poco o mucho. No significa que te resignes, sino que disfrutas lo que tienes. Es estar consciente y en plenitud. Prosperidad significa que aquello que tienes se acrecienta. Como vemos, abundancia y prosperidad no son lo mismo. Por otra parte, observemos las señales que enviamos al Universo cuando decimos, por ejemplo, “soy humilde y no me interesa el dinero”. Una vez le pregunté a un maestro en la India, que menciono mucho en el libro: “Dada, me da miedo que el dinero me cambie”, él me dijo: “No te cambiará si no permites que él se convierta en tu amo”. Muchos pierden fortunas y otros nunca llegan a tenerla, y las razones obedecen a que algunos vulneran las leyes universales. Es importante saber que tu cuenta de banco no determina tu grado de espiritualidad, ni tampoco de paz.

-Para alcanzar un objetivo, dentro del cumplimiento de ese plan, puedes encontrar eventualmente una encrucijada. ¿Qué haces?

-Dejar de lado la necesidad de alcanzar un resultado específico. Cuando te desprendes de los resultados, inmediatamente estás dando una oportunidad a que Dios y Su inteligencia te vaya mostrando momento a momento, cuál es la mejor alternativa. Ocurre que si te apegas a un determinado trabajo, pareja, u objetivo, es muy peligroso porque no sabes quién te habla al oído, si tu ego o tu voz interior. Un deseo va tras un objetivo específico, mientras que un sueño tiene como único objetivo llevar tu propósito con amor.

-¿Cómo sabes si es uno u otro?

-La voz interior nunca viene con culpas, sino que te da paz. Yo le llamo “el con-paz”. Si tú sientes paz en el alma, usualmente es el camino correcto. Pero cuidado porque algo puede darte felicidad y no ser lo correcto. Mejor usar el discernimiento y si no estamos seguros, detenernos. El corazón siempre debe estar alineado con el intelecto y el alma, de no estarlo tus emociones de conflicto te lo dirán.

-También mencionas valores y prácticas positivas. ¿Cuáles destacarías más entre ellos?

-Entre los valores me encanta la compasión, que es la habilidad de ser un canal para que el amor de Dios llegue a través de ti a los más necesitados. No confundamos la compasión con pena o la lástima, la pena indica duda, es un juicio y falta de confianza en Dios y su plan. Solo puedes ayudar desde el amor. Y de las prácticas positivas, me quedo con la oración, que es hablar a Dios con el corazón; que tampoco hay que confundir con el rezo, el repetir sin estar consciente y que puede convertirse en oración cuando lo hacemos sintiendo, pensando y desde el alma. El Padre Nuestro es una oración maravillosa, mística, mágica. La digo cuando quiero estar en paz, porque lo consigo en tres segundos, instantáneamente, es una poderosa oración de conexión inmediata.

Existen rezos para diferentes religiones, diferentes formas de encontrar la paz interior, los repites y se convierten en mantras. En el libro escribí una oración de conexión apta para todas las religiones. La oración es una luz de bengala al cielo y recibes Su respuesta a través del silencio, que es la forma en que Dios nos habla.

- Los hombres seguimos alejados de estos temas. ¿Por qué?

-Al hombre se la ha pedido que sea quien resuelva todos los problemas, desde niño tiene sobre sus hombros la responsabilidad de manejar y tener control sobre el mundo, sin mostrar sus emociones.
Pedir ayuda para un hombre es símbolo de debilidad. Si no encuentra una dirección mientras va conduciendo el coche, se niega a detenerse para pedir ayuda y llegar a su destino, imaginemos lo que le cuesta pedir ayuda en estas cuestiones… (risas). El hombre necesita escuchar a la mujer, ella le regalará la sensibilidad y le ayudará a expresar su vulnerabilidad. La mujer necesita también cambiar la forma en que ve al hombre, que en una conducta aprendida cree que él debe resolver todos los problemas. Nosotras debemos tomar nuestro rol, la responsabilidad de no dudar y creer en nosotras mismas, e invitar al hombre a aceptar que está bien no saber cómo llegar adonde quiere y pedir ayuda para lograrlo. El hombre debe permitir y validar el poder femenino. El poder femenino es intuitivo, creativo, nutritivo. El masculino es acción, poner en práctica las ideas. Como dicen los baháis, el hombre y la mujer son dos alas de la misma ave, que necesitan estar a la par para levantar su vuelo.

-En la solapa del libro te presentan como “agente de cambio”.

-Soy una mujer común y corriente, con una hija adolescente que me impone retos como a toda madre… He aprendido de muchas personas y por experiencia propia, importantes lecciones y puedo afirmar que la espiritualidad es muy simple: consiste en “dar permiso” o “estar dispuesto”, aquí está el resumen de un seminario de tres meses. Aprovecho para advertir de los cultos o personas que intenten alejarte de tu familia, que te hagan sentir culpable o te creen dependencia, para "comunicarte" con Dios. La comunicación con Dios, solamente pasa en nuestro interior, en cualquier momento y lugar. Me considero un agente, muy imperfecto, de comunicación y cambio, pero dispuesto a llevar su propósito, simplemente compartiendo un mensaje a quien quiera escucharlo, unas lecciones que me han traído paz.

Aurelio Álvarez Cortez