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Mil manos amigas | El Universo es pródigo en apoyos

Hasta que uno no se compromete, hay vacilación, la oportunidad de echarse atrás, siempre una ineficacia. En relación con todos los actos de la iniciativa hay una verdad elemental, cuya ignorancia acaba con innumerables ideas y planes espléndidos: que es en el momento en que uno se compromete definitivamente, cuando la Providencia también se pone en marcha. Entonces sucede todo tipo de cosas que ayudan a alguien que de otro modo jamás hubiera sucedido. Todo un torrente de acontecimientos surge de la decisión y da lugar a toda clase de incidentes y encuentros y ayuda material en nuestro favor, de tal modo que ningún hombre hubiera imaginado que le sucederían”.

Extracto del libro “La expedición escocesa al Himalaya”, de William H. Murray.

Hace un tiempo un spot de televisión anunciaba electrodomésticos, Balay, creo –no me patrocina el artículo, lo juro–, en donde aparecía un ama de casa sentada en la cocina mientras un grupo de eficientes empleados deambulaban por el espacio cumpliendo diligentemente con todas las tareas, ahorrándole los insidiosos quehaceres domésticos, y ella gozaba de un maravilloso momento de relax. Original era, pero lo cierto es que el anuncio me había pasado totalmente desapercibido, o eso creía yo, hasta que cayó en mis manos un delicioso librito llamado “Pon el cielo a trabajar”, que devoré en un periquete y que me ha proporcionado muchos de los momentos más dulces y mágicos de mi vida. La propuesta del libro, que coincide con la idea de ayuda del anuncio, es sencilla en su planteamiento aunque sólo indicada para mentes prodigiosamente imaginativas y pertrechadas con esa extraordinaria cualidad que es la fe inquebrantable del será sí o sí. Esta virtud de la fe en el cielo o en uno mismo se forja con un tesón sobrehumano, esto es, cuando uno es capaz de sobreponerse a las posibilidades meramente humanas y mundanas, y comienza a relacionarse con contingencias mucho más elevadas. Resumiendo, el libro propone invocar a los ángeles como si fueran expertos en diferentes materias que contratamos para los diversos trabajos que queremos llevar a cabo.

En la cita de William H. Murray que encabeza el artículo aparecen unas cuantas palabras claves. “Comprometerse”, “definitivamente” y “Providencia” son algunas de ellas. Salta y aparecerá la red. Pide y recibirás. Llama a la puerta y se abrirá ante ti. Sólo cuando apartamos la duda y dejamos de vacilar, nos negamos a contemplar otras opciones o la posibilidad de fracasar, y hemos puesto toda la carne en el asador, quemado todas las naves y plantado en la arena del ruedo… es cuando comienza el espectáculo. Pero antes necesitamos com-prometernos –hacer la promesa de ir a por ello– para que entonces la vida también se comprometa con nosotros.

La experta en visualización creativa Shakti Gawain nos asegura que el universo nos recompensará por asumir riesgos en su nombre. Al atender esa llamada y comprometernos, ponemos en marcha el principio que Carl Gustav Jung llamó sincronía, también conocido como serendipia, y que es definido como una mezcla fortuita de acontecimientos o golpes de suerte que nos van poniendo delante las circunstancias, cosas y personas que nos ayudarán en nuestra aventura. Mil manos amigas lo llamó bellísimamente Joseph Campbell.

Nos gusta decir que la fortuna es caprichosa –y encima mujer–. No es cierto. El Universo es pródigo en apoyos y generoso en regalos. Pedimos pero no nos permitimos recibir, porque no creemos, pensamos que no lo merecemos o que se lo estamos quitando a otro. La verdad es que nos encanta el drama, ir de víctimas por la vida y entonar el himno del pobrecito de mí en vez de atrevernos a decir “¡ábrete, sésamo!”. Cuando nos suceden hechos extraordinarios que van a favor de las metas que nos hemos planteado, solemos degradarlas al considerarlas simples coincidencias, frutos de la casualidad o el azar. ¡Qué bien que exista esa cosa llamada suerte sin afiliación religiosa, que además puede ser buena o mala, para descargarnos de todas nuestras responsabilidades!

Una vez escuché que Dios es eficiente. ¡Menuda frasecita! Creo que en el fondo nos asusta reconocer que alguien o algo más grande pudiera estar confabulando en nuestro interés, lo que indefectiblemente nos exigiría plantearnos qué es ese algo. Lo concibamos como una fuerza divina interior o bien como un dios externo, da igual. Llamémoslo Providencia, Dios, vida, Universo, ángeles, naturaleza… “Llámalo X, llámalo energía”, como cantaba Joaquín Sabina. Haberlo, haylo. Existe la Magia Real: la posibilidad de un universo inteligente y dispuesto a ofrecer respuestas y ayuda, que actúa a nuestro favor. Olvídate del cómo, olvídate del cuándo. Tu tarea es el qué; sólo tienes que ocuparte del qué y decir SÍ. Sí es la llave, el conjuro mágico, el abracadabra. Así que se nos terminaron las excusas para escaquearnos de hacer lo que de verdad hay que hacer para lograr nuestros sueños más fabulosos y pagar el precio de no rendirse jamás. Es posible. Yes, we can.

La pelota está en tu tejado. ¿Vas a jugar?

http://gestaltcreativisualization.blogspot.com

Ana Pérez