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Nunca estamos solos, cosmoterapia | Una receta infalible, ponerse bajo un cielo cuajado de estrellas sin resistir tanta belleza

La ilusión de la soledad forma parte de esos cuentos para no dormir, que se llaman “el Principe Azul, el Hada de los Rizos de Oro, la Bruja que se pasea con Calcetines de Estrellas. Forman parte de la colección Maya (del sánscrito, ilusión). Y los compra nuestra parte más infantil, aquella que cree en lo irreal. Sin embargo, una de las frases más escuchadas al empezar un trabajo terapéutico es “me siento sol@” o “me sentí sol@ cuando…”. Reconocer lo que pasó es la posibilidad de no volver a repetirlo. Mientras tanto, ¿qué se puede hacer?

He aquí una receta infalible para el sentimiento de separación, de sentirse sol@. Ponerse bajo un cielo cuajado de estrellas. Sin resistir a tanta belleza. Permitir que la luz de las constelaciones y astros vaya entrando por los poros. Respirar hondo. Aguantar el tirón de la plenitud. Y seguir. Respirar cosmos. Inhalar vida inteligente. Exhalar sin sentido. Inhalar la sensación de formar parte de un todo infinito, abrirse a esa pertenencia. Expirar cualquier sentimiento de abandono, limitación.

En este momento escribo desde una noche estrellada de otro continente, pero no es imprescindible alejarse tanto. Un firmamento desplegado en cualquier sierra cercana también nos puede dejar sin aliento. Estas son las pastillas para no dormir que deberíamos tomar con más frecuencia. Es paradójico que cuanto más anestesiados estamos, sean más necesarios los ansiolíticos, antidepresivos y cápsulas contra el insomnio. Vivimos en una sociedad adicta a casi todo, en general a la infelicidad, y en particular a las relaciones tóxicas, el poder, los romances, el sexo, el pensamiento negativo, el exceso de énfasis en lo material, en definitiva, a todo lo superfluo, lo que nos ancla a esta tercera dimensión que el planeta está dejando atrás. Un baño de infinito tomado con conciencia cura más que cualquier terapia. La vastedad del mar también abre horizontes salados al alma.

Cuando estamos tristes miramos hacia abajo, mucho a nuestro ombligo, la salida de ese laberinto es un trabajo de crecimiento personal bajo cualquiera de sus formas: psicológicas, Psicoanálisis, Gestalt, Constelaciones familiares, el trabajo de Phyllis Krystall, Teatro Terapéutico; psico-corporales, Terapia de Polaridad, Bioenergética, los 5 Ritmos de Gabrielle Roth y transpersonales como las Conexiones Arquetípicas, por citar algunas en las que me he formado. (Todo empieza en la psicogenealogía, papá y mamá, los ancestros, el cuerpo causal presente en las encarnaciones). Y detrás llegan el egoísmo, la venganza inconsciente, el fracaso, déficit de atención, las dificultades económicas o relaciones difíciles).

Entre las actividades que también ayudan están el ejercicio físico, la buena alimentación, seguir una disciplina espiritual, la que elijamos, y mirar hacia arriba, el sol, la luna las estrellas y en horizontal al próximo que nos rodea, es el primer paso para salir del atolladero de la mente compulsiva e indomable. Hay mucho sufrimiento en el mundo que podemos aliviar si ayudamos, para ello hay que ahorrar energía estando en el presente con una mente concentrada y en quietud. El olvido de sí es la llave para combatir el sentimiento de aislamiento.

La sensación de separación, o retroflexión como lo denomina el ciclo de satisfacción de las necesidades gestáltico, es un bloqueo que consiste en subirnos a la azotea a seguir rumiando, en lugar de pasar a la acción para conseguir lo necesario. Por supuesto no es tan sencillo, ni un acto de voluntad. Cuando nos “cortocircuitamos” se precisa ayuda. Para realizar una liberación emocional, una modificación de hábitos y experiencias y una conexión espiritual que armonice y relativice el proceso. Bajo capas y capas de olvido e inconsciencia se esconde lo que muchas personas no quieren o no pueden enfrentar. A veces duele. Es la liberación real del sufrimiento que conduce a una libertad interior desconocida. El silencio interior y la capacidad de estar en el presente, en lugar de tener la atención capturada en asuntos no resueltos.

Nunca hemos estado solos. Ni nunca lo estaremos. Ni aquí, ni detrás del velo de irse más allá de esta vida conocida. Es más, para ciertas experiencias necesitamos hacer de la soledad nuestra aliada. A la hora de experimentar nuestra realidad cósmica no basta el sistema de chakras, existen centros supraluminares en el lado derecho suprafísico del cerebro que al activarse nos capacitan para la vida en otras dimensiones de conciencia. Vivencias que atraviesan el corazón y nos revelan lo innombrable. Solamente estando sol@ uno puede percibir todo esto y sentir lo acompañados que estamos en el proceso. En este momento de dolorosa dualidad para el planeta también hay mucha, pero mucha gracia, a ser conquistada por la contemplación, el servicio, la práctica de la presencia divina. Es posible vivir en otras frecuencias vibratorias en medio de lo más cotidiano. Abriendo las ventanas del alma, entregando el pasado. Poniendo la energía en lo verdaderamente útil, ser felices. En lo que cada uno entienda por plenitud. Según su momento evolutivo. Llevo y participo en muchos grupos, y mi conclusión es que cada vez hay más humor, creatividad e inspiración disponible, basta aceptarla.

Si mirar las estrellas no te da todas las respuestas que necesitas, existen muy buenos profesionales que te sostendrán en el viaje que termina en ellas. Eso sí, elige a uno que, aparte de una sólida formación y experiencia, se sienta una lucecita diminuta bajo el brillo cegador de las galaxias.

Margarita Llamazares