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Todos somos Nash | Dejar de creer en las voces que hay dentro de nuestras cabezas

Acabo de volver a ver, una década después de que fuera estrenada, una película absolutamente extraordinaria titulada “Una mente maravillosa”. El protagonista es un esquizofrénico, al que da vida Russell Crowe, y el argumento está inspirado en la vida del matemático John Forbes Nash. Nash es un genio absoluto, una mente privilegiada pero que ve personas que no existen. Estas personas controlan su vida porque él escucha su opinión y obedece cualquier cosa que le digan que debe hacer. Estas personas le mienten, pero como él las cree y escucha lo que le dicen, está destruyendo su vida. El matemático no tiene ni idea de que esas personas son alucinaciones, seres irreales, hasta que su mujer lo ingresa en un hospital psiquiátrico, donde le diagnostican esquizofrenia y le prescriben un tratamiento farmacológico para su trastorno. Las visiones desparecen gracias a la medicación, pero ésta tiene unos efectos secundarios tan fuertes y que afectan tanto su capacidad intelectual que Nash decide dejar de tomarla. Sin la medicación vuelve a tener las alucinaciones y descubre que sólo él tiene estas visiones, que las personas que ve son inexistentes y debe escoger entre vivir medicado y su talento creativo. Enfrentándose a un reto titánico, Nash luchó por recuperarse y tras varias décadas de penalidades logró superar su tragedia y salvar la situación, decidiendo no prestar atención, no creer lo que las visiones le dicen y seguir adelante con su vida.

Recibió el premio Nobel en el año 1994. Hoy en día Nash es una leyenda viviente que sigue entregado a su trabajo.

La historia de Nash es el drama de cualquier ser humano. Todos somos esquizofrénicos no diagnosticados que, aunque no tengamos alucinaciones visuales, desde luego que sí tenemos alucinaciones auditivas. Todos escuchamos en el interior de nuestras cabezas unas secretas e insistentes voces que tienen opinión sobre absolutamente todo. Estas voces nos juzgan –a nosotros y a los demás–, menosprecian, critican, nos dicen lo que podemos o no, lo que debemos hacer o no, lo que está bien y lo que está mal, determinan nuestras decisiones, nos hacen decir sí cuando queremos decir no, abortan proyectos, dejan morir sueños de inanición, moldean nuestro estilo de vida, profesión, aspecto… Parlotean, parlotean, parlotean. Estas alucinaciones auditivas también nos obligan en muchos casos a tomar medicación indirecta en forma de calmantes, ansiolíticos, antidepresivos, somníferos, relajantes musculares, antiácidos, analgésicos y un larguísimo etcétera al que estamos tan acostumbrados que nos parece que estar mal es lo que está bien.

El reto al que tuvo que enfrentarse Nash y que casi le destruye es la misma lucha que se libra en el interior de la mente de cada uno de todos nosotros: el auténtico Armagedón, “el día Gloricioso” en el que Alicia se enfrenta al Galimatazo, la tragedia griega del viaje de Ulises. Estas voces son como un caballo salvaje que nos lleva donde él quiere y continuamente nos tira al suelo y nos humilla, y nos hiere el cuerpo y el alma. Una vez que aprendemos a domar el caballo de la mente descubriremos una magia y un poder extraordinarios que nos permitirá hacer auténticos milagros. La vida de Nash es un ejemplo de que si dejamos de creer en las voces que hay dentro de nuestras cabezas, estas tiranas pierden el poder que tienen sobre nosotros y dejan de gobernar nuestras vidas. Puede que no ganemos ningún Nobel, pero superar el conflicto verdadero que existe entre la verdad y la mentira es el mejor premio que podemos ganar en toda nuestra santa vida.

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Ana Pérez - Consultora de Desarrollo Personal,
coach, terapeuta Gestalt y periodista