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La caida de la corona | Caries infantil. Un cambio en la vivencia del propio poder en las relaciones familiares

Pablo es un niño de 5 años con caries incipientes en sus primeras coronas, las llamadas de leche. Nunca más apropiado para este niño que fue amamantado durante tres años con la más absoluta dedicación por parte de una madre consciente de su labor maternal.

El fue un niño coronado, se trataba del primero de los hijos y en él confluyeron todos y cada uno de los deseos de ser padres de sus progenitores, especialmente de su madre que apartó y delegó las demás funciones personales y profesionales para consumir íntegramente ese vínculo tan especial y mágico que le proporcionaba su primer vástago.

El bebé paso a practicar la soberanía más exquisita de la casa, se alimentó en base a sus deseos y necesidades más elementales y se contagió del amor en exclusiva de sus padres. Él era lo primero y único de sus vidas. El vínculo amoroso fue sellado inequívocamente a través del pecho de su madre y no hubo más competidor en su vida hasta que nació su hermano.

El rey de la casa tuvo que enfrentarse en silencio no solo a compartir su soberanía, sino también a comprender desde su incipiente despertar que su hermano necesitaba del alimento que él había recibido, aun más si cabe de aquella despensa tan exuberante como limitada y de la capacidad del abrazo hasta entonces único de su madre. Así, Pablo lo tuvo que hacer entender a su mamá y a su hermano. Por otra parte, los padres no llegaron a observar conducta reveladora de celos como podría ser natural y previsible ante esta nueva coyuntura familiar, aunque el niño empezó a desarrollar conductas hiperactivas y temerosas.

El recién nacido, muy lejos de vivir su posición de heredero de segundo grado, marcado por el orden de su llegada, disponía por necesidad biológica natural de su alimento primario, la leche, y con una especie de sabiduría divina empezó a compartir de la única manera que podía con su hermano mayor: él absorbía para hacer fluir el néctar blanco de aquellas tibias ubres y a su tete “le permitía” que chupara por un instante una vez realizada la subida.

Este acuerdo tácito entre sus dos almas fue suficiente para que Pablo no mostrara ningún tipo de animadversión ni hostilidad hacia su hermano y fue aceptado por su madre, que permitía que el niño chupara por unos instantes al tiempo que el pequeño bebé interrumpía su mamada, aunque Pablo ya no necesitara de ese alimento porque comía de todo con sus primeros dientes de leche.

Pasado un tiempo, la blancura primigenia de sus pequeñas coronas empezaron a teñirse de negro, afloraron sus primeras caries del lactante. Fue de esta manera como expresó la caída de su soberanía y sus dificultades para aceptar los órdenes del amor en la estructura jerárquica familiar.

Este relato puede ser aplicado a muchos niños cuando el origen de este problema dental es debido a un cambio en la vivencia del propio poder en las relaciones familiares, especialmente con la madre, debida a una cesión de sus privilegios que, impuesta por las circunstancias, lejos de ser asumida, es sobrellevada a expensas de una represión forzada, y por un gran temor a manifestarla.

Es posible que no todos los casos de caries en dientes de leche vengan expresados en esta misma dirección, pueden existir otras causas, es cierto, los seres humanos somos tan únicos e indefinibles como difícilmente descriptibles. Es arriesgado marcar conexiones directas de esto con lo otro o lo de más allá en nuestros enfoques diagnósticos, ya que nos arriesgamos a determinar en la mente de las personas una dirección a sus problemas que puede condicionarlas en su devenir.

En el paradigma médico convencional se abusa, por ejemplo, del término “genético” cuando se desconoce el origen de la enfermedad, y esto es muy grave porque se deja a la persona a expensas de una especie de “infortunio” que, lejos de abrir las puertas de la solución, las cierra de por vida. ¿El afectado o afectada en cuestión cómo puede hacerse cargo de un pronóstico fatídico? Un@ ya se hace cargo de que el problema es para siempre, lo mismo que el tratamiento. Son pocos los que llegan a cuestionarse estas etiquetas, precisamente porque el sistema descarta una curación definitiva. Es muy improbable que alguien que haga oídos a este tipo de diagnóstico pueda hacerse cargo de su solución, a no ser que practique algún tipo de sordera selectiva ante determinados discursos médicos y advierta los verdaderos intereses del sistema.

También hay que decir que algunas de las nuevas terapias “alternativas” al uso no hacen más que urdir en el mismo paradigma del que estamos intentando salir y esto es como cambiar los huevos de sitio, cuando de lo que se trata es observar de dónde viene la gallina.

La historia existencial es muy importante en estos casos, ya que los dientes nos están expresando un síntoma que va más allá de la función que representan, aun a sabiendas de que están correlacionados con el resto del cuerpo. Para llegar a comprender el significado exclusivo de esta alteración es necesario ver con un gran ojo: el de la intuición, ya que nos encontramos faltos de un lenguaje científico que haga previsible algo que, en sí mismo, es imprevisible.

Casi seguro es que algunos padres cuando lean este artículo se estarán preguntando si su hijo/a primogénito/a ha sido destronado/a por alguna circunstancia de su vida, o no, y eso está bien, porque la comprensión global del problema nos trae una conciencia distinta a si analizáramos los dientes uno a uno, y creáramos un sistema racionalmente perfecto y muy organizado de acuerdo a unos buenos principios, pero a la postre poco factible de llevarlo a la práctica.

Este gran ojo, que va mucho más allá de las conexiones lógicas e impresas de creencias a veces indemostrables, o de las nuevas pseudociencias, de aquello que nos dictan sobre lo que tenemos o no tenemos que decir, de los protocolos y de las prácticas diagnósticas o prescriptivas, se encuentra más bien en el vuelo del halcón, que, disminuyendo el abultado y manifiesto peso de los contenidos y supuestos mentales, desciende sutilmente en la base de la misma conciencia.

Amelia Izquierdo Acamer - Psicología clínica
Psicoterapeuta Floral Integrativa
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Gema Ballester Palanca -
Médica Odontóloga.
Kinesióloga Dental