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Respuesta alquímica | Kinesiología en Odontología Energética (1ª parte)

Tanto la Odontología como la Medicina energética, aparecen como una forma de actuar más allá de la realidad observada y aparente, con una nueva dirección en la búsqueda de las causas, retomando un paradigma diferente que otorga al propio ser la capacidad de “sanarse”. No está reñida con la ciencia sino más bien se aúna a ella, abriendo nuevos campos de atención sobre antiguos sistemas de medicina en los que la tarea preventiva estaba incluida en las mismas prácticas médicas. Pensamos por ejemplo en la Medicina Tradicional China, en donde el médico tenía que pagar al paciente si éste enfermaba.

Si revisáramos nuestros conceptos de salud posiblemente nos daríamos cuenta de que estamos llevando bastantes años de involución; no hace falta mucha ciencia para darnos cuenta de que no es lo mismo mantener la salud que recuperarla… y en esas estamos, en cómo ayudar a cambiar una tendencia de aclamar a la salud como a Santa Bárbara, en la que un@ solo se acuerda de ella cuando truena.

El área científica en la que se asienta y se argumenta la medicina energética es la Física Cuántica, que nos revela la “certeza de lo incierto” al demostrar que “las partículas subatómicas de la materia pueden estar en dos o más sitios a la vez y se comunican instantáneamente”. Este estado de la realidad invisible nos presenta infinitas posibilidades, un vasto panorama en donde la interconexión, la expansión y el cambio constante de las partículas se muestran en un campo unificado, en donde no solo “tú” con tus partículas sino “yo” con las mías, podemos interactuar y modificarnos constantemente. Podríamos encontrar por ejemplo una revelación cuántica en el refranero común, con expresiones del tipo “quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija” que son una prueba de que nuestra sabiduría popular sabe a ciencia in-cierta que una persona puede ser diferente dependiendo de donde se encuentre y con quien. Lo que significa que si estuviéramos investigando deberíamos tener en cuenta que el “observador” puede influir tanto o más en el objeto que lo propio observado, es decir, que dos observadores diferentes pueden llegar a resultados diferentes.

Con la práctica kinesiológica, que, dicho sea de paso para los escépticos, no está exenta a esta in-certidumbre (como todo en este mundo), se puede llegar a determinar no solo el origen de los trastornos que se presentan, sino también el tratamiento más adecuado para esa persona en este momento presente, atendiendo a la parte más bondadosa de la Kinesiología, que es la de otorgar validez a la respuesta neuromuscular del propio organismo a través de una serie de pruebas.

Los tratamientos médicos convencionales se suelen prescribir desde una concepción rectilínea e intelectual, basada en un determinado vademécum compuesto de “síntomas- trastornos- remedios”, y aunque “por norma” pueda funcionar, observamos que en bastantes casos los remedios no son efectivos de la misma manera para todas las personas. Es decir que lo que vale para mí, puede no valer para ti. Tampoco son raros los casos de personas en las que dejan de funcionar recursos que antaño les fueron útiles.

Esto nos hace dirigir una mirada a la alquimia. Se trata de una de las principales precursoras de las ciencias modernas, además de una disciplina filosófica que combina elementos como la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el espiritualismo y “el arte”. Desde una compleja red de escuelas y sistemas filosóficos fue practicada en los grandes imperios de todos los tiempos y en Europa hasta el siglo XIX. Aunque adoptó muchas formas en sus quehaceres, la intención filosófica subyacente se situó en la búsqueda de la “piedra filosofal”, capaz de trasmutar “metales viles en Oro”, lo que significa, en términos espirituales, alcanzar la vida eterna.

Encontrar esa alquimia en la persona es el objeto de la búsqueda kinesiológica, por la sencilla razón de que es tan solo a través de su respuesta única y especifica en donde podemos encontrar el camino de su transformación. Esta respuesta puede ser indicativa de lo que necesita en este preciso momento o informativa de lo que le está sucediendo, de las relaciones causales de las que es tanto sujeto como objeto. En esencia, el ser es pura alquimia, ya que de manera consciente o inconsciente, desde lo más profundo, se encuentra en busca constante de autorrealización, dentro de una totalidad marcada por un mundo externo y un mundo interno en continua interacción y cambio.

En Kinesiología el “Engram”, que vendría a ser en términos informáticos como el disco duro del ordenador central que tenemos todas las personas, va a recibir los estímulos aferentes del medio y de su historia personal dentro del contexto actual, y responderá de acuerdo a unas “intenciones” no solo de él mismo, sino también del observador que realiza las pruebas. De esta manera es como, en última instancia, la Kinesiología se congratula con la alquimia, ya que en sí misma es capaz de considerar todos y cada uno de los elementos vitales, existenciales y transpersonales en los que el ser humano juega sus partidas.

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Amelia Izquierdo Acamer - Psicología clínica
Psicoterapeuta Floral Integrativa
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Gema Ballester Palanca -
Médica Odontóloga.
Kinesióloga Dental